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Max Aub fue uno de los grandes escritores españoles de la Generación del 27, Socialista desde el año 1929, que formó parte del exilio español Mexicano. Max vino a España en el año 1969, treinta años después de su exilio, en una estancia corta que le llevó a decir que “He venido, pero no he vuelto”. Pero este corto tiempo fue suficiente para ver y opinar lo que no le gustaba de su añorada España: “España es un remanso, la paz de los cementerios”. Aub se indigna por la ignorancia y la desmemoria de los españoles porque “La habilidad del régimen ha sido dejar en babia a la casi totalidad del País”.
Efectivamente los españoles hemos estado viviendo sin la memoria del pasado, en el olvido, alejados de los que en estos años de libertad y democracia estaban obligados a vivir la soledad de sus propios recuerdos, unos recuerdos que hacían que le sangraran las heridas. La Ley de Memoria Histórica ha servido para que muchas familias, españolas también, hayan podido cerrar sus heridas y darle el descanso que se merecen sus familiares.
San Fernando, su Ayuntamiento y por lo tanto sus ciudadanos, hoy viernes 24 de septiembre, van a recordar con un sincero homenaje a unos isleños que formaron parte de la Corporación Municipal asesinada por unos desalmados en el año 1936. Son los isleños D. Cayetano Roldan y D. Eladio Barbacil. Primeros cuerpos rescatados de la fosa común del cementerio de San Fernando, donde también se han recuperado los cuerpos de otros tres isleños asesinados como: D. Francisco Baptista, D. Juan Valverde y D. Manuel Barbacil.
D. Cayetano Roldan y sus dos hijos, todos socialistas, fueron asesinados de una manera ruin al igual que la Corporación que él dirigía. Alcalde de la última Corporación de la II República, era persona muy querida por la ciudad. Las personas mayores lo recordaban como un hombre bueno, que no había hecho mal a nadie, decían, y sus hijos menos. Pero esto lo recordaban en silencio, sin querer hablar del crimen, unos recuerdos en el olvido como diría Max Aub.
Dicen muchos, con razón, que las fosas comunes son la vergüenza de un país. ¿De verdad sacarlos de las cunetas, de las fosas comunes, para darles su merecido descanso puede molestar a alguien? Esto no es recordar el pasado, esto es reparar la gran injusticia que se cometió sobre estos isleños, españoles, que querían a su ciudad igual o más que los desalmados que les quitaron la vida. Eran hombres que no buscaron ser héroes, hombres que trabajaban por su ciudad en la legalidad de la II República. Por consiguiente, es de total justicia que hoy se le reconozca como lo que fueron, servidores públicos, hombres de bien. Ya podrán descansar en paz y estoy seguro de que Dios llevaba tiempo esperándolos, a ellos y a los que quedan por recuperar.
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