Nuestro alcalde está exultante, ¡ha conseguido él solito traer a la mayor multinacional mundial de la distribución! Viene la empresa del hombre más rico del mundo, que seguro que no tiene ni idea de que va a tener una estación logística en El Puerto de Santa María; bueno, es que no sabrá ni dónde está El Puerto. El culmen de la despersonalización del comercio. Le compras a un hombre a quien jamás podrás conocer ni tratar.

Una noticia histórica, que ha comunicado un Beardo emocionado; conseguida, dice, con discreción. No sabemos qué puede negociar un alcalde con esta multinacional “discretamente”. Y con la promesa de cientos de puestos de trabajo, casi todos conductores de furgonetas de reparto. ¡Y no hay en nuestros institutos ni un solo módulo profesional de repartidor de Amazon! ¡Qué falta de previsión! Esta promesa me recuerda a los 1.200 puestos de trabajo que iba a crear Puerto Sherry, o los 500 del Centro Comercial de Vistahermosa.

Amazon es una máquina de destrucción masiva de empleos a nivel mundial. Su sistema está basado en imponer precios bajos a los productores, casi todos asiáticos, y en exprimir a empleados y repartidores. Es un actor importante en los procesos de desindustrialización de los países tradicionalmente industriales, sobre todo de Europa, y en la desaparición galopante del comercio tradicional, incapaz de competir con los precios y prestaciones de esta gigante del comercio electrónico. ¿Se ha evaluado su impacto en el comercio y en el empleo de la Bahía? ¡Y Beardo se alegra de su desembarco en El Puerto!

Nunca he comprado en Amazon, lo confieso, lo mismo que no he pisado una hamburguesería en mi vida. Prefiero comprar en comercios presenciales, y no es que esté en contra de los medios electrónicos, pero también procuro comprar directamente a tiendas o empresas cercanas, y si es posible, productos de fabricación nacional, lo más cercano posible. No necesito un intermediario que se lleve la mayor parte de las ganancias para inflar aún más la inconmensurable fortuna de Jeff Bezos.

Si no lo remediamos, en el futuro no habrá comercios, solo gigantescos centros logísticos, y tampoco habrá repartidores en furgonetas, sólo drones repartiendo las compras hasta la puerta de cada casa. Yo no quiero ese futuro impersonal.

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