Mila Alarcón

malarcon@diariodecadiz.com

Vida más allá de Misericordia

Tengo amigos de fuera, concretamente de la parte de la Sierra, que cuando vienen de visita se quedan literalmente asombrados y maravillados con el gran ambiente y la vida que tiene el centro de la ciudad. Y aquí, a tan sólo unas líneas del comienzo de la columna, me toca entonar el mea culpa (bien empezamos), ya que la responsabilidad de que mis amigos se lleven una imagen distorsionada sobre la realidad recae única y exclusivamente sobre mí. No obstante, todos los culpables tienen derecho a una defensa. Y aquí va la mía.

Mi justificación se basa en que yo, como buena anfitriona, los llevo de tapitas a los sitios más típicos, a que conozcan el centro y a que por último, para rematar la velada, se tomen un buen helado de postre o un copazo (ya la elección depende en gran parte de quien lleve el coche de vuelta). La cosa es que al final, da igual quien sea el amigo que me visita, siempre pasa lo mismo: acabo llevándolo a la calle Misericordia. ¿Dónde sino?

Para ellos, tan sólo un par de minutos en el Kilómetro Cero (como a mí me gusta llamar a la confluencia entre la calle Misericordia y la calle Luna), son suficientes para creer que ese barullo de gente, que la vida de las terrazas, o las largas colas que se forman para conseguir un helado en Da Massimo se mantienen todos los días y a todas horas.

Ahora, cuando todo es tan bonito,a ver quién les hace entender que la realidad es mucho más dura. A ver quién les explica que para el portuense de pura cepa la calle Larga supone una barrera mental, donde parece que acaba el mundo y se corta tajantemente el ambiente; a ver quién les explica que en la avenida de La Bajamar (a escasos metros del Kilómetro Cero), hay negocios que han cerrado porque el público no llega hasta allí; a ver quién les enseña que los días entre semana, cuando uno va y viene del trabajo, esta misma zona está muerta; a ver quién les demuestra que los empresarios locales prefieren participar en actividades de otros municipios porque aquí, al final de cuentas, les “cuesta el dinero”. A ver quién les demuestra que en su día hubo grupos de inversores interesados en la zona y de los que no se han vuelto a tener noticias; a ver quién les enseña que aquí escasean las facilidades... Yo asumo mi parte de culpa, pero la explicación; esa mejor que se la de otro.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios