Rivera en Cádiz (afuera hace frío)

Al final descubren o descubrieron o descubrirán que la política es o debe ser de paso. Afuera hace frío, sí, pero es nuestro frío

Al final todo empieza y acaba aquí, en el binomio que va de La Isla a Cádiz y del oratorio al teatro de las Cortes. Pocos días después de que Enrique García-Agulló y sus liberales hicieran su homenaje anual, coincidiendo con el día de San José, el líder de Ciudadanos vino a Cádiz acompañado del expresidente balear, José Ramón Bauzá, a hablarnos de España a los gaditanos. Albert, ¿vas a venir a robar a la cárcel? Hubo un momento entre 1810 y 1812 en que España fuimos nosotros. No pude asistir al acto pero las fotos presentan un increíble atardecer al que Rivera da la espalda, un poco como si fuera su propio atardecer: Albert sabe que si no toca pelo en las próximas elecciones será discutido como líder y en virtud de la misma regeneración que exige a los rivales habrá de dejar paso a otros.

Qué difícil es apartarse de la primera línea salvo que estés en el frente bélico. Que le pregunten a Pablo Iglesias. O a Pedro Sánchez. O a Teófila Martínez. O al general Rosety. La primera línea siempre es difícil hasta que sale, quiero decir que algunos tienen miedo al papel en blanco y otros tienen alergia al blanco del papel. Rivera lo sabe, como ya decía, que le pedirán explicaciones y lo mandarán a la presidencia honorífica, o algo así, tras más de ocho años encabezando una lista. Menos duran otras candidaturas y vemos a diario cómo las descabezan. Juan Manuel Pérez Dorao ha sido descabalgado por unos militantes -¿setenta?- que decidieron que su concepto de la democracia no era el mismo que el del abogado gaditano. ¿Y qué decir de las listas al Congreso y al Senado del PSOE? Lo he visto, el diagrama. Juan Carlos Ruiz Boix, el más votado a la primera cámara, fue descartado, igual que González Cabaña, que ha topado con la senadora María Jesús Castro, siempre joven, siempre fuerte, totalmente reacia a la jubilación.

Dos meses quedan para las elecciones municipales, ¿no? Alguno ya ha empezado su particular campaña electoral por evitar el despeñe del acantilado que supone abandonar la política, por salvarse del frío que hace afuera, en la calle, por perpetuarse como protohombre (o protomujer) y algún día tener una calle que se llame Concejal (y su nombre). Nada hay más triste que comprobar en el callejero que el homenajeado ha de ser acompañado de su oficio para orientar a los ignorantes. No sé si Albert Rivera llegará a tener una calle en algún lado, o Juan Manuel Pérez Dorao, o Javier Cano, o Mayte Mas, o tantos ciutatans –Antonio Sanz dixit- que descubren o descubrieron o descubrirán que la política es o debe ser de paso. Afuera hace frío, sí, pero es nuestro frío.

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