Reubicar la Semana Santa

La Semana Santa tiene su tiempo y si no se sale no será la primera vez que ocurra

Esta pandemia ha dado la vuelta a la vida cotidiana del país. El miedo, la confusión y el confinamiento han provocado que se cuenten los días que pasan como una victoria, como una batalla ganada, aunque todavía esté la amenaza de la guerra. Pero también hay algo positivo, si se me permite, como es la convivencia y la solidaridad. Hay vecinos de escalera que se están conociendo ahora. Aunque tampoco el confinamiento, desgraciadamente, es para todos igual. No todos pueden contar con una casa acondicionada para estar confinados, ni una familia lo suficientemente estructurada. Lo peor, los sintechos, y aquí merece un reconocimiento nuestro gobierno municipal por la rapidez en buscar soluciones a una problema que no sabe de pandemias ni de confinamientos. Cuando esto pase se tendrá que producir un gran debate sobre lo público. Las deficiencias en la sanidad y en las residencias de mayores se llevan años denunciando y no se han tenido en cuenta. Ahora se paga su precio.

Pero si apartamos a un lado la peor parte de este problema -sin duda la salud es lo más importante y lo más urgente a solucionar- esta pandemia está dejando una estela de problemas socio económicos que serán muy difícil de reubicar. Las ciudades han tenido que suspender sus fiestas patronales y buscarles un sitio en el calendario. El turismo, la gran base de la economía de este país, no existe. Las pérdidas económicas y laborales son extraordinarias. Y, lógico, nadie las quiere perder definitivamente. Aunque ya nada será igual, por lo menos este año.

Pero lo que ha causado sorpresa es el anuncio de la Congregación para el Culto Divino de que Roma autoriza la celebración de la Semana Santa los días 14 y 15 de septiembre. Ya había rumores, entre los cofrades, pidiendo una Magna por toda la geografía. ¿Pero Roma? Toda una sorpresa. La Diócesis de Cádiz ha estado acertada en su respuesta, "no es el momento". Es verdad que la Semana Santa es hoy en día una de las más importantes fiestas religiosas y culturales del país. Su suspensión no solo supone una gran pérdida económica para las ciudades, es también la pérdida de mucha mano de obra de la hostelería y hoteles. Además de la industria artesanal que mueve a su alrededor.

Por lo tanto es comprensible que las ciudades se resistan a perder todo lo que significa y quieran su reubicación. Pero la Iglesia no puede, además de no permitir, que las procesiones se conviertan en un mercado. No se puede poner a la altura de las ferias ni romerías. La Semana Santa tiene su tiempo y si no se sale no será la primera vez que ocurra. Yo creo que es distinto a las salidas extraordinarias y Magnas ocasionales. Pero generalizar las salidas o cambiar las fechas ha sido una gran metedura de pata del responsable de la Congregación, que ha querido lanzar un Plan Marshall para las cofradías. Y aunque la mayoría de los que no estamos de acuerdo no nos la perderíamos, hay que significar que la Semana Santa es otra cosa, no es lo mismo.

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