Peor que la contaminación química o bacteriológica, es la contaminación mental y la falta de información creíble. Y en el episodio de contaminación en la playa de Fuentebravía no lo han podido hacer peor; y todo en plena temporada turística.

El oscurantismo ha tenido consecuencias nefastas. La gente no cree a la administración ni cuando cierran la playa, ni cuando la abren. Nos dicen que la contaminación ha sido debida a bacterias fecales. Cuando Ecologistas en Acción pide información y que se hagan públicas las analíticas, la Consejería de Salud responde que no es competente (¿) y deriva la responsabilidad al ayuntamiento, que, a su vez, responde que carece de las analíticas, que eso es cosa de la Consejería de Salud. Cuando se le pide al alcalde de El Puerto que se reúna con vecinos y empresarios de negocios de las urbanizaciones de Fuentebravía y El Manantial, no contesta; ni por supuesto acude a dar ningún tipo de explicaciones. Y la indignación aumenta.

La Consejería de Salud rectifica y facilita las analíticas, que demuestran que en las aguas de esta playa había una concentración de bacterias fecales (Escherichia coli) cuarenta veces superior al máximo permitido. Un bombazo de aguas fecales. Pero no aclara su origen. Hay dos posibles: el emisario submarino de APEMSA, que gestiona la empresa privada Aqualia, o la Base Naval de Rota. Del emisario no se han facilitado los análisis de las muestras tomadas en su boca; en la Base de Rota, ni la Junta ni el ayuntamiento han inspeccionado la depuradora; deben ser alto secreto militar.

El ayuntamiento sigue sin hacer públicas las analíticas que aseguró había realizado durante los días en que la playa estuvo cerrada. O no los hicieron, o no quieren que se conozcan.

Esta situación pone en evidencia la estafa de las banderas azules; un galardón sin aval alguno de la Unión Europea, otorgada por una fundación privada sin control ni inspección de las playas a las que se les concede. Fuentebravía estaba cerrada por contaminación, pero, eso sí, con bandera azul.

La causa de la contaminación de Fuentebravía sigue siendo un misterio. Las bacterias fecales deben haber llegado desde el hiperespacio para joder el verano a vecinos, turistas y negocios.

Si no se sabe lo que pasó, volverá a ocurrir.

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