Respirar es fundamental, de lo contrario no hay quien mueva el esqueleto. Ya sabemos que sin oxígeno es imposible que funcione un organismo. Nada mejor que llenar nuestros pulmones al aire libre y, en especial, a cara descubierta. Pero todo se ha complicado desde que llevamos la pandemia a cuestas, pasando la mayor parte del tiempo pegados a una mascarilla y saliendo lo justo de casa. Por ello a nadie extraña ya el éxodo masivo que las ciudades andaluzas están viviendo muchos fines de semana hacia sugerentes pueblos blancos de la Sierra de Cádiz. Es lo nunca visto, con caravanas interminables de coches rumbo a las montañas.

Ya lo dijo Platón: "El cuerpo humano es el carruaje; el yo, el hombre que lo conduce; el pensamiento son las riendas; y los sentimientos, los caballos". Es decir, cada cual puede viajar donde le plazca, pero en estos momentos de excreción vírica deberíamos anteponer el sentido común a los impulsos. Por supuesto que es acertado y plausible 'perderse' en lugares tan atractivos como El Bosque, dando rienda suelta a los alvéolos, pero lo que ya no resulta tan sensato es ver a una auténtica 'marabunta' humana serpenteando por la intrincada y estrecha ruta del río Majaceite, que va desde esa localidad a su vecina Benamahoma. Se producen escenas de verdadero hacinamiento en un sendero que, como joya de la naturaleza e imán turístico, lleva muchísimos años reclamando una mayor atención y control.

Ambas localidades, junto a otras doce, se integran en el amplio Parque Natural de la Sierra de Grazalema, reserva de la Biosfera, con una superficie total de 53.411 hectáreas (millones de campos de fútbol). Es decir, hay espacio suficiente para que todo el mundo encuentre su rinconcito ideal en el que inspirar con formidables vistas alrededor, poniendo coto a las masificaciones gracias a la mesura. Para hacerlo posible, bueno sería que se coordinen las instituciones competentes. Los Pueblos Blancos y la salud lo merecen. Aún hay aire para todos y bosques donde perderse. Encuéntrelos...

(*) Jesús Benítez, periodista y escritor, fue editor jefe del Diario Marca y, durante más de una década, siguió todos los grandes premios del Mundial de Motociclismo. A comienzos de los 90, ejerció varios años como jefe de prensa del Circuito de Jerez.

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