O “de higos a brevas” que a fin de cuentas viene a ser lo mismo. Entre lo espiritual de las Pascuas y lo material de los higos, se nos ha pasado un año tal cual suele disimular su vuelo el pajarillo que comienza a aletear achuchado por la pájara madre. Efímero donde los haya. Casi sin olerlo. Y resulta que a la hora de hacer balance caemos en la cuenta de lo no vivido desde aquella prometedora primavera a esta otra que recién comienza. Y caemos en la cuenta también de la gente que se nos fue precipitadamente y en soledad sin que les tocara decir adiós todavía. Vengo a recordar de aquél marzo que habitábamos una ciudad dormida donde los perros vagabundos ya no existían, y ni mucho menos los pregoneros apocalípticos nos anunciaban un nuevo fin del mundo. Sencillamente ya estábamos inmersos en nuestro apocalipsis particular. Jamás pensamos que viviríamos cien años después otra fiebre tan mortal como la mal llamada española, ni por supuesto que ningún Edipo de nuestro tiempo tuviera que venir a salvarnos de la peste, como ocurrió en Tebas. Aunque bien mirado poco ha cambiado la cosa. Vivimos en un gallinero permanente. Todos quieren liderar la erradicación de esta suerte del maligno que nos envuelve, pero casi ninguno a su vez se pone de acuerdo en el método a seguir. Es muy vergonzoso que se utilicen a nuestros muertos como armas arrojadizas para subir un escalón en el famoseo que se ha convertido la aniquilación de la pandemia. Pongamos que hablo, por una vez, de Madrid, donde la vergüenza ajena que produce escuchar a su presidenta sonroja a propios y a extraños. Pero claro, cuando se ha sido community manager de un perro nada te puede extrañar. Ella es tan sólo la marioneta que mueve en la distancia el titiritero que se emboza detrás de una mascarilla para declarar ante un juez. Sí, ese. El de la guerra. Y esto va para todos. Porque igualmente, con la excusa de que estamos en pandemia, se están dejando de hacer hilvanes importantes para el pueblo sin argumentos claros que convenzan a nadie. Y sí, lo sabemos. Hoy es Domingo de Pasión. Y así llevamos un año, padeciendo de “Pascuas a Ramos”.

manolomorillo@hotmail.com

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