Ese extraño mes, el primero que se vive abrigado tras el calor del verano, el que anuncia la navidad, esa tregua entre el ultimo puente que nos hace olvidar las vacaciones de verano, y el que nos hace esperar con calma el primero de la Navidad. Noviembre, un Noviembre distinto, vivido como el primero después de vivir casi todos los meses del año, entre Febrero y Octubre, de una forma pausada y diferente. El mes tonto de la hostelería, el resorte de las compras, el mes del anuncio, de los sueños, del comienzo del final del año. Noviembre, el mes blanco de la ciudad Turística, en donde los hoteles no se llenan y las terrazas se refuerzan, el mes donde todos ahorran o se preparan para lo que ha de llegar. Y este año, el Noviembre de la esperanza, el noviembre de la espera de un incierto futuro que mejore. El de los números rojos en la curva de la muerte, el definitivo pero que solo forma parte de un largo periodo del que no veremos el final. Este año, Noviembre, como siempre, se vivirá con esa calma impuesta de los meses que nos precedieron, y quizás, solo quizás, sirva para aplanar los ánimos y las curvas de cara a una Navidad que será diferente, familiar, cercana, íntima, y en donde quizás los recuerdos y el aprecio de ese lejano abrazo cobren sentido. El Puerto, con sus cortas tardes, con su Sol madrugador, con la tristeza de los tiempos aciagos que nos rodean, se vestirá como las titulares, de negro luto a la espera del nacimiento del nuevo año. El Puerto y su pandemia, El Puerto y sus incomprensiones, con el oportunismo de los perdedores y la arrogancia de los que se quedan, El Puerto ensombrecido, y, aun así, claro y limpio, esperanzado y animado, avanzando con cada campanada que marque el final del día, camino de su propia existencia.

garciaromeu@icadiz.net

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios