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Manolo Barrios, el autor isleño/sevillano, el autor de Si te dicen que caí o Epitafio para un Señorito, narraluz, término acuñado por Berenguer, en el sentido de estar incluido en la nómina de lo que se denominara, narrativa andaluza, murió llevándole la contraria a la muerte, según su hijo, fumando y sin oxígeno, al igual que vivió.
Cuando lo conocí, físicamente, fue en la calle Betis sevillana, allí donde Pepe Castillejo tenía editorial y tertulia, algo imposible hoy, todos los jueves, con edición de revista, el Cronicón Hispalense, y retransmisiones por radio de algunas de ellas. Se implicó totalmente en el proyecto de editar el Premio Luis Berenguer, junto con el editor y los tertulianos compañeros, Manuel Lauriño, Julio Martínez Velasco, José María de Mena y José María Requena, a su vez primer ganador del Certamen de Novela Luis Berenguer, con Alfonso Grosso en el jurado.
Estuvo en el jurado del premio, estuvo en la cumbre cimera de la gastronomía isleña de la Venta de Vargas, donde, entonces, Joselito y Lela llevaban el patrimonio cultural del flamenco más puro y esencial, con sus bonhomías entrañables, a unos hitos difíciles de superar. También gustaba del 15 de Gallineras, hoy perdido, y de los paseos a media tarde por media Isla.
No sé. Los altos cúmulos derribándose sobre la Isla, esa nieve lívida a la que el pintor Pepiño da inmortalidad en sus cuadros, le gustaban a Manuel Barrios porque en su imaginación la palabra se hacía calambre y viento -metáfora- como esas nubes que a través del caño van apacentándose en el horizonte salinero.
Gallineras, las barcazas anacreónticas como palimpsesto de naufragio y desidia. Las densas bajamares donde el fango toma color iridiscente y hay que llamar a Güela, otro pintor intenso de todo esto.
Y evoco las tertulias. La gente que pasó con nosotros por allí. Luis Berenguer cuando presentó nuestros libros, de Juan Mena y mío, Antonio Murciano, uno de los poetas que mejor ha cantado la Navidad, nunca. Rafael Alberti con nosotros, los ganadores del primer premio Unicaja que llevaba su nombre. Y Manolo Barrios, y Requena y Paco Brines y José Hierro y…
Entonces el Ayuntamiento apostaba por la cultura de verdad. Y la promocionaba. Y sabía, entonces, que la Delegación de Cultura era un pilar del voto.
Estamos en años de crisis. Afuera el cielo vuelve a tomar los tonos de Pepiño, ese livor tan nuestro.
Y yo releo a Manolo, en la Espuela, novela circular y andaluza donde canta al campo, a los caminos, algo a la miseria y algo a la esperanza.
Pues así.
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