Análisis

ANTONIO MORILLO CRESPO

Inventos por inventar

Qué duda cabe de que hay todavía mucho que inventar y curiosamente sobre cosas comunes. El que inventó la rueda hace miles de años no ha cobrado royalty y sin embargo ¡cuánto bien ha hecho a la humanidad! Y el que inventó la cama, no digamos, porque al acostarse, al caer la noche, quien ha estado todo el día con la espiocha o con el ordenador, lo primero que se le ocurre es exclamar: ¡qué gran invento la cama! Una amiga dice que el mejor invento del siglo ha sido la fregona, porque se ha liberado el tirarse al suelo para fregarlo. Una cosa tan sencilla y que tanto bien ha beneficiado a la humanidad. O el sencillo aviso que vi el otro día en un bar de la calle Reyes Católicos para evitar el abuso de algunos parroquianos. Decía así: "Toda persona que lleve más de veinte minutos leyendo el periódico tiene la obligación de leerlo en voz alta. Los demás clientes también quieren saber lo que pone". Manera elegante y efectiva de obviar al pesao.

Y sin embargo a nadie se le ocurre inventar un calienta/leche para los bares y que el tabernero tenga que poner el actual, que parece un avión cuando despega de la pista del aeropuerto, dejando sordos a los clientes. O un soplón, como el de no llevar puesto el cinturón en los coches, cuando algún conductor estaciona ocupando dos aparcamientos. O un cortaúñas que corte las del lado contrario. Y en plan más universal, aprovechar el inmenso calor que hay dentro de la tierra (miles de grados) taladrando el suelo y convertir con esa energía el agua del mar en potable y así lograr que el desierto de Sahara (9 millones de kilómetros cuadrados) sea una inmensa huerta y se acabe así con la terrible hambre africana.

P/D: Aunque nada tiene que ver con el tema de los inventos, les digo a ustedes lo que me han contado, que tiene ángel. (Soy un total defensor a muerte del deporte femenino, aunque me imagino la enorme cantera de inspiración que tendrán las chirigotas con el temita). El Cádiz C.F. solía llevar el magnífico trofeo de plata del Trofeo Carranza a todos los pueblos sobre una furgoneta con banderas y mucha galanura para que la gente se animara a ir al trofeo veraniego. En un pueblo, un vecino vio venir el carromato con tanta fastuosidad, que se hincó de rodillas. Creyó que era el Corpus Christi.

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