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Conocí a Fran Delgado hace unos pocos años. Nos tomamos un agradable café en una escondida plazoleta de la avenida gaditana y desde entonces solemos interactuar por Facebook. Fran es de la estirpe especial del Téllez, esa que nace entre dos orillas, al pie del Llano amarillo caminito de Getares. No recuerdo si se mudó a la Bahía de Cádiz por trabajo o por amor. Aunque sé que ama su trabajo, yo diría que más bien fue cosa de una amada. Fran chamulla el gadita y realiza una labor fundamental para el desarrollo de la transparencia institucional: es uno de sus principales expertos de toda España. Está mal que lo diga él, pero no yo. Sin embargo, resulta curioso que Fran ha obtenido recientemente más relevancia pública por sus arquetipos de la cuarentena que por su labor profesional.

Confitado en plena desencalada, Fran ha ideado una serie de portadas fake de revistas especializadas, de esas que uno encuentra en las micro-librerías de los aeropuertos. Su agudo sentido del humor y el acierto en la elección de los arquetípicos personajes han hecho que sus montajes vuelen raudos por las redes sociales y los inevitables grupos de WhatsApp. Están tan bien hechas que alguno se las ha creído a pie juntillas.

Sus desternillantes obras zahieren, y otros piden cariño. Una de las primeras y más recordadas cubiertas de Fran Delgado fue la de los Antivacunas, a los que en estos tiempos inciertos del coronavirus pregunta sibilinamente "¿Dónde están?". Otras apuntan con mirilla al Tertuliano que "reconoce que NO SABE de un tema", un problema que, pienso, preocupa en demasía a Fran, que también retrata sutilmente al Enterao y al Cuñado, dos seres primos, simétricos y concordantes, y al Cultureta, que nos explica "Cómo leer a Zizek".

Algunas portadas mendigan afecto, como las que el transparente algecireño dedicó a esos Padres que dan su reino por cinco minutos de silencio; o al Autónomo (desesperado), que grita pidiendo auxilio a los gobiernos varios desde el oscuro hoyo, preguntando si "¿Hay alguien ahí fuera?"; o la inspirada en el Deportista ocasional, que presenta a un orondo leñador de Utah obligado a sudar para poder ver la calle.

Sus dos últimas obras gozan de plena actualidad. La primera se titula Desfasado y señala a un hombre desquiciado entre tanta fase y tanto cambio normativo gubernamental. La segunda, titulada ¡IDA!, realiza una ácida crítica sobre la figura de la presidenta de la comunidad madrileña, Isabel Díaz Ayuso (I.D.A.), incluyendo un cupón válido por un menú infantil saludable de Telepizza, aunque "no como en Venezuela", precisa.

Hace unas semanas, comenté a Fran que faltaba una portada entre sus gloriosos arquetipos de la cuarentena desescalada. Se ofreció, incluso, a ayudarme a editarla. La revista se llamaría Leguleyos y su cubierta señalaría la esclavitud de los abogados de oficio que cobran a euro y medio la hora; esos mismos a los que van a robarles las vacaciones de agosto. Auguro un éxito brutal, Fran. Démosle cañita.

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