Hemos aprendido a calcular a ojo cuánto es un metro y medio. Las cualidades desinfectantes de decenas de productos. A toser en el codo.

Hemos descubierto el valor de los balcones, de las terrazas, de los patios privados, de los jardines. Y que no es lo mismo pasar la cuarentena en un apartamento de 40 metros con vistas interiores que en un chalé.

Hemos aprendido que whatsapp tiene una opción de videollamada de grupo, y a manejar otra decena de aplicaciones que también ofrecen esta opción. Ya sabemos limpiar de manera sistemática la memoria del móvil para dejar espacio entre tanto meme, audio, vídeo.

Hemos conocido el significado del miedo. Y de la responsabilidad. Lo insignificante que somos y, al tiempo, lo trascendente de nuestro comportamiento individual.

Hemos comprendido cuánta verdad hay detrás del dicho de que la realidad siempre supera a la ficción. Y el sentido del refrán “cuando las barbas del vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”. Aunque este último lo hemos aprendido tarde.

Hemos conocido a nuestros vecinos. A los que antes ni siquiera saludábamos en la escalera y que ahora anhelamos ver cada día.

Hemos aprendido a interpretar una curva algorítmica, a realizar análisis estadísticos. Hemos aprendido que las fronteras también pueden cambiar de sentido, que se nos pueden cerrar las puertas. Que no podemos viajar a Estados Unidos, pero tampoco a Marruecos.

Hemos recordado el valor de una sanidad pública fuerte, de sus profesionales. La importancia de dotarla de recursos.

Nos hemos dado cuenta de la multitud de vídeos que hay en Youtube para hacer gimnasia en casa. Y lo lejos que se queda una sesión de tonificación en el salón de un paseo por la playa.

Ahora sabemos también que el teletrabajo no era el chollo que muchos creían. Pero que sigue siendo mucha mejor opción que quedarse sin empleo.

Hemos confirmado la labor fundamental de los maestros, de los profesores. Y hemos puesto a prueba la capacidad de adaptación de nuestros niños.

Hemos entendido cuánto nos hacen falta los abrazos, los besos, los achuchones. Ha sido un aprendizaje muy rápido; hace solo diez días éramos unos ignorantes. Ojalá no tengamos que aprender mucho más.

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