Llueven las querellas por doquier tras un extraño solsticio de verano, cayendo como chuzos de punta sobre las alcaldías gaditanas, orbi et orbe. Deben estar de oferta, las querellas ("encargue tres y presentamos cuatro", o algo así) porque es inusual esta hiperactividad procesal. La Asociación Española de Abogados Cristianos ha llegado al pueblecito de Cádiz (Ohio) como ese pistolero que donde pone el ojo, pone la querella; dispuesto a cepillarse al alcalde, al sheriff y a la prostituta. La AEAC es animal mitológico preconstitucional, mezcla de un cruzado (mágico de Playtex) y un templario en paro, digna sucesora del Santo (turno de) Oficio. Le da igual el concepto de ultima ratio del derecho penal. Donde la mayoría utiliza la jurisprudencia, los abogados cristianos aplican la fe, que, aunque mueve montañas, todavía no ha cambiado de sitio el edificio del Tribunal Supremo.

Una asociación que promueve la defensa del cristianismo, sus dogmas y su fe, desde el punto de vista del derecho, es algo digno, pero no lo es tanto valerse de la administración de justicia para hacer lucha política. La defensa de la libertad religiosa no es hostigar al enemigo ideológico con surtiditos bien despachados de querellas mediáticas en adobo. No hay día que amanezca sin una denuncia novísima de este colectivo en el que al parecer sólo hay dos o tres abogados, saturados de curro, eso sí. Deberían guardar cuidado, además de ayuno cuaresmal. No hay que olvidar que los jueces suelen tener poca paciencia y que, como le ha pasado recientemente a Arriaga, las multas por litigación temeraria y las condenas en costas procesales están ahí, agazapadas, esperando su momento.

Etiquetarte como abogado "cristiano" es ejercer la abogacía a medias, contra natura; algo parecido a llevar sólo la defensa de los amantes de la berza con tagarninas o de los bodegones de Pepe Baena. Tildarte de cristiano es un innecesario aditamento a la condición del picapleitos porque al cliente no le interesa conocer las convicciones religiosas de aquél sino, únicamente, si sabe diferenciar la prevaricación administrativa de un plato de berenjenas gratinadas. Imaginemos que cunda la idea y surjan la asociación de abogados tartamudos, el colectivo de abogados defensores de la copla o cualquier otro tipo de artefacto parecido. Sería un desastre catedralicio.

A pesar de que el Papa Francisco dijo que quien rechaza a los homosexuales "no tiene un corazón humano" los abogados cristianos caminan la excesiva vía del ilícito penal contra varios munícipes que, con motivo de los días del Orgullo Gay, han dado visibilidad al colectivo LGTBI mediante banderas arcoíris. Pensando en aquello del corazón humano, reflexiono: los querellantes serán abogados, porque se habrán colegiado, pero de cristianos, tienen poquito. Más bien son kristianos; con "k" de Kichi.

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