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Crónica de la tercera sesión de preliminares: Las clasificatorias caen mal al mostrar su verdadera cara

Ya no es villano pero sigue siendo favorito

El personaje al que presta su voz Florentino Fernández.
Carlos Colón

10 de julio 2013 - 05:00

Animación, EEUU, 2013, 92 min. Dirección: Chris Renaud, Pierre Coffin. Guión: Cinco Paul, Ken Daurio. Cines: El Centro, Bahía de Cádiz, Bahía Mar, San Fernandod Plaza, Las Salinas, Victoria, Al Andalus, Yelmo, Ábaco, Multicines Jerez, Cinesa Los Barrios.

Dos hallazgos sostienen esta película: la andanada contra los centros comerciales y resorts de toda clase y especie como guaridas del mal; y el papel casi protagonista que se da a esas divertidísimas criaturas que son los minions. En el reino de la animación digital, sobre el que Pixar reina incontestablemente, Pierre Coffin y Chris Renaud, desde la escudería Universal, se han construido una sólida casita de ladrillo que, como la del cerdito prudente, resiste las poderosas ventoleras de Pixar, Disney o Dreamworks.

Que el malo se haya convertido en bueno no le quita gracia a la cosa. Conserva su aspecto siniestro y además está El Macho, el villano mexicano, para cargar con todas las maldades necesarias en el cine, y más aún en el de animación. La relación entre Gru y Lucy da un toque de comedia loca, como si fueran un Gary Grant feo y una Katherine Hepburn cursi. Los minions dan el toque de animación maravillosamente absurda a lo Warner. La reconversión de Gru en perseguidor de villanos da un toque de western o cine negro (los forajidos o delincuentes convertidos en sheriffs o detectives).

Sobre estas bromas con tipos, géneros y situaciones del cine; sobre este cuarteto -Gru, Lucy, El Macho y los minions-; y sobre un extraordinario diseño de criaturas y decorados descansa esta película. Dada la importancia de los actores que ponen la voz e incluso inspiran las criaturas -nada nuevo en la animación desde los lejanos tiempos de Disney, Warner y Metro que crearon dibujitos como caricaturas o trasposiciones de actores reales (que en aquellos casos no ponían sus voces)- es fundamental el buen doblaje que Florentino Fernández y Patricia Conde hacen de Steve Carrell y Kristen Wiig.

Curiosamente hay quien ha reprochado a esta excelente película de animación ser demasiado infantil. La inteligencia, desde luego, no está reñida con la animación. Y ya hemos escrito otras veces que la animación digital parece haberse convertido en el refugio de la inteligencia cinematográfica americana. Pero inteligencia no quiere decir únicamente complejidad, seriedad o hasta tragedia. También puede querer decir ligereza, gracia, diversión. Y esta película es inteligente, blanca e infantil; lo que no significa que aburra a los adultos que les acompañen. Salvo que en vez de adultos sean momias resecas, incapaces de reírse como cuando eran niños.

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