Cultura

La verdad del arte contemporáneo

Mar Garrido. Centro Damián Bayón. Santa Fe.

La exposición de Mar Garrido en los espléndidos espacios del Centro Damián Bayón de Santa Fe nos sitúa en los estamentos que formulan el arte de las nuevas tecnologías, a saber, una idea muy bien concebida, con todas las argumentaciones conceptuales perfectamente desarrolladas teóricamente para ser llevadas a la práctica sin fisuras, lo que se traduce en una estructuración formal absolutamente acondicionada en las coordenadas de una fotografía impoluta, pulcra en todas sus dimensiones compositivas, así como en unas videocreaciones sabiamente desarrolladas desde todas sus posiciones plásticas, ilustrativas y con los amplios y determinantes postulados que intervienen en los elementos de esa modernidad tan favorecedora para un creación sin fronteras.

La obra de Mar Garrido ofrece básicamente dos lecturas. Por un lado, en cuanto al aspecto formal, también dos posiciones conformantes: una fotografía muy bien resuelta, producto de un acertado desarrollo, donde nada se deja a ese azar de parca experimentación que tan malas consecuencias artísticas, plásticas y fotográficas, manifestaron aquellos que accedieron a los estamentos de la fotografía creyendo que todo era válido -incluidos artistas de cierto nombre-; Mar Garrido, por el contrario, sabe lo que tiene entre manos y lo organiza con la más absoluta rigurosidad, creando unas piezas con verdadero carácter fotográfico. Lo que se observa, asimismo, en la pureza compositiva de la obra filmada donde todo está sobriamente resuelto, generando una realidad artística absolutamente justa en todos sus órdenes.

Una vez comprobados los manifiestos aciertos compositivos, el espectador se encuentra con una obra variada en la que la naturaleza, por un lado, suscribe formas imprevistas, con bellas representaciones, en piezas solas o formando polípticos, en los que el concepto del límite y del espacio quedan perfectamente acondicionados.

En las fotografías de Mar Garrido la propia representación queda totalmente diluida en nuevas dimensiones que argumentan, a su vez, nuevos espacios representados, como ocurre en Doble juego, un políptico de cuatro piezas en el que un campo de arroz crea una doble espacialidad o en las 17 variaciones sobre el límite que, de una especie de espléndido dintel fotográfico, la mirada es transportada a una realidad mediata donde la vista encuentra formas imprevistas. Muy sugestiva nos ha parecido Escucha este silencio, una bella pieza cuyo formato acentúa la propia sensación del momento representado. En Compartir y Extender, las manos y el hilo crean bellas formas superando conceptualmente lo que la mirada ilustra.

En los vídeos, el horizonte bajo la lluvia crea espejismos urbanos donde la realidad pierde su sentido. Todos con los mismos buenos tratamientos que encontrábamos en la obra fotográfica.

Estamos ante una artista grande, cuyas obras alcanzan sistemas creativos de profundísima inquietud plástica. Se trata de una exposición donde continente y contenido marcan la más absoluta verdad sobre el arte más avanzado.

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