Cultura

El valor del retrato en la era del selfie

  • Hernán Cortés y Dolores Jiménez-Blanco profundizaron en la obra del pintor en una charla previa a la inauguración 

Hernán Cortés junto a la comisaria Dolores Jiménez-Blanco Hernán Cortés junto a la comisaria Dolores Jiménez-Blanco

Hernán Cortés junto a la comisaria Dolores Jiménez-Blanco / Julio González

En estos tiempos de selfies, de la proliferación de la imagen y de la banalización de una información que apenas podemos digerir, las pinceladas de un retrato captan infinitamente mejor la esencia de un personaje frente a las decenas de instantáneas que éste pueda coleccionar.

Así lo deducen en pleno siglo XXI hasta los grandes gigantes de las telecomunicaciones, que tienen claro que en la adaptación de la educación a las nuevas tecnologías “lo fundamental es poner al ser humano en el centro del progreso”, expuso sobre la mesa José María Sanz Magallón, director general de la Fundación Telefónica, que de la mano de Braulio Medel, presidente de la Fundación Unicaja, inauguraron oficialmente la exposición Cortés. Retrato y Estructura, en un concurridísimo acto que tuvo lugar en la tarde noche de ayer en la sede de Unicaja en Cádiz, como antesala de la conversación que protagonizaron el célebre pintor gaditano y la comisaria de la exposición, Dolores Jiménez-Blanco.

Justamente el hecho de poner al personaje en el centro del cuadro, de igual modo que la tecnología debe estar al servicio del ser humano, “es lo que hace moderna la pintura de Hernán Cortés”, explicó Sanz Magallón, que se congratuló “del comienzo de una buena amistad con la Fundación Unicaja”, con la que se ha puesto en marcha esta exposición que previamente estuvo en Madrid, “pero que mentalmente empezó en Cádiz, que es el sitio al que pertenece”.

Tal cual lo recalcó previamente Braulio Medel, quien señaló que de los retratos del conocidísimo cronista de la vida parlamentaria española “obtenemos el propio retrato del pintor y también el de su vida”. Una exposición “magna”, expresó el presidente de la Fundación Unicaja, “con la que Hernán ha querido honrar a Cádiz y seguro que Cádiz quiere honrar a Hernán Cortés”.

Palabras que ayer tomaban todo el sentido, al aliento de las decenas de personalidades de todos las escenas de la vida política, social y cultural gaditana que quisieron acompañar al gaditano para ver y escuchar de primera mano cómo Cádiz ha influido en su trazo y en la composición de cada uno de sus retratos.

De esto hablaron en una distendida charla en la que salió a relucir la influencia que tuvo la madre del pintor en su vocación, “pues probablemente junto a la música fue su vocación frustrada, ya que se dedicó a cuidar de sus tres hijos”.

Fue ella quien le compró su primera paleta de colores con la que pintó sus primeros retratos, “en el afán de solucionar el desafío de los parecidos”, para después deleitarse en muchos de los paisajes de su ciudad natal, al aire libre, “cuando hacía rabona mientras cursaba el Preu”, rememoraba Cortés. Esa sensación le valió para afianzar su vocación de pintor a los 17 años, que ha ido afianzando hasta consagrarse como uno de los grandes retratistas contemporáneos, género en el que ha sido todo un innovador.

La retrospectiva que trae a Cádiz se concibe así como un cruce entre los paisajes gaditanos de sus inicios y el retrato, con la línea del horizonte siempre marcada. Porque, tal y como incidió la comisaria, es importante “cómo cada figura entra en el espacio”, o como respondió Hernán Cortés, “cómo el actor entra en escena, pues no es igual cómo lo hace un filósofo, que un banquero o un político”. Y es que de la captura de la propia narración teatral que hace el personaje depende su singularidad, esa que recrea magistralmente el pintor gaditano y que le ha valido el reconocimiento nacional e internacional.

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