CONCERT MUSIC FESTIVAL Aquel verano del noventa y tantos

  • Miss Caffeina pusieron el broche de oro a la II edición del Concert Music Festival

  • Con un directo muy enérgico presentaron el disco 'Oh Long Johnson'

Alberto Jiménez, vocalista de Miss Caffeina, en Sancti Petri Alberto Jiménez, vocalista de Miss Caffeina, en Sancti Petri

Alberto Jiménez, vocalista de Miss Caffeina, en Sancti Petri / NACHO FRADE

Del último disco de Miss Caffeina, titulado Oh Long Johnson, se dice que bebe de los sonidos de la década de los 90 y cuando uno se acerca a disfrutar de alguno de sus espectáculos no puede hacer otra cosa que intentar arrancar de cada estribillo, acorde o composición alguna referencia a aquella época en la que aún las canciones importaban, en la que las radios eran la principal fuente de información de las novedades musicales, en la que se compraban discos con los últimos ahorrillos del mes, en la que el verano parecía eterno antes de la vuelta al cole. Una década, la mía, grande en canciones y artistas que ahora empieza a reivindicarse con una mezcla de dulce nostalgia e imperiosa necesidad. 

En el espectáculo que sirvió como broche de oro a dos meses de música en Sancti Petri gracias al Concert Music Festival la banda madrileña desplegó todo su poderío para llevarnos a esos años sonoros, con la excusa de despedir -aunque en ocasiones soñamos con que no tuviese final- el estío. "¿Cómo estáis? Es un placer estar aquí para celebrar el final del verano", contaba el vocalista de la formación Alberto Jiménez desplegando casi una hora y media de melodías en el escenario Lenovo de la cita chiclanera.

Los cuatro miembros del grupo -cinco en el directo- ofrecieron un repertorio dentro del que, predispuestos a viajar a cualquiera de los veranos que vivimos en los 90, parecían colarse retazos de artistas tan dispares como The Cardigans, Manic Street Preachers, Fangoria, KU Minerva, Iván FerreiroOBK, Daft Punk, Jamiroquai, el indie de fin de década o incluso la Cher más discotequera. Mil referencias que desembocan, finalmente, en un sello muy personal y rock, enérgicamente defendido por Jiménez al micro.

Ante una pantalla de luces horizontales fluorescentes, Miss Caffeina ofrecieron canciones que contenían mensajes críticos hacia el mundo virtual en Oh Long Johnson, acerca de la rebeldía contenida en Titanes, la búsqueda del sincero equilibrio en Hielo T, la captura del instante perfecto con Desierto, la asfixiante metáfora de Detroit, disfraces que ocultan vidas con Venimos y vidas disfrazadas en busca de la aceptación propia y ajena en Calambre, la más reivindicativa y sentida interpretativamente hablando, una letra acerca del acoso que, desgraciadamente, no entiende de épocas. "Esta canción está dedicada a todos los enemigos de nuestra infancia", la presentaba el cantante. Ese tema tuvo su reverso con Reina, toda una declaración de intenciones.

Y cambio de tercio, aparentemente. "Hubo un momento en el que estábamos aburridos de ser cinco chicos tocando rock y pensamos: ¿y si cogemos un poco de reguetón, de urbano?", anunciaba Alberto Jiménez. Algunas bases de dicho sonido que ha marcado la ruptura quizá más grande con la época musical inmediatamente anterior se colaron en el siguiente bloque de temas, aunque sin renunciar un ápice a la línea argumental del show. Sonaron El rescate, Planta de interior -dedicada a "los amigos pesados que te cuentan sus mierdas", a los tóxicos, otro fenómeno atemporal- y Ácido -más 80 que 90-. "En todos los festivales hay una confusión, cuando acaba esta parte del concierto, la gente empieza a irse y ahora es cuando viene la parte rave. Tampoco somos tantos para que os vayáis", bromeaba el vocalista antes de encarar la recta final del recital, también repleta de letras con mucho mensaje.

"Cuando explicamos las canciones da la sensación de que siempre estamos de mala leche". Una rabia concentrada en versos dirigidos a los que creen saber de todo y no entienden de nada. "Alrededor de la industria discográfica hay personas, satélites, que te dicen lo que tienes que hacer y cómo vestir y no tienen ni puta idea de música. A todos esos les escribimos esta canción con cariño", explicaba Jiménez el trasfondo del tema Fiesta nacional, con reminiscencias sonoras de Radio Futura, de dos décadas atrás.

Los temas Oh, Sana y Mira cómo vuelo sirvieron para casi rematar un concierto que en los bises convirtió las referencias ¿inconscientes? a los 90 en el gran golpe de efecto de la velada y una reafirmación de la memoria. Tras la melodía Bitácora sonaron los acordes más noventeros de la noche, sobre los que Miss Caffeina ejecutaron Freed from desire de Gala, todo un tótem discotequero que puso a Sancti Petri a punto de caramelo para despedir con añoranza pero mucha diversión el verano. Y si hablamos de los 90 -y del pop en general- hay que mencionar a la reina, Madonna, cuyo eco en Vogue se hizo presente como base para el tema Cola de pez (Fuego) con el que los madrileños cerraron un encuentro de baile, contenido, nostalgia y ganas de seguir otro verano más, sin fecha exacta y con la maleta cargada de música.

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