Arte | Lola Montero La marisma protagonista

  • En el paisaje de Lola Montero toda la realidad de ese espacio natural único del entorno gaditano se hace presente con una fuerza desmedida, pero con gran economía de medios

Pintura de Lola Montero con una compuesta de un estero. Pintura de Lola Montero con una compuesta de un estero.

Pintura de Lola Montero con una compuesta de un estero.

Lola Montero siempre ha mostrado un creciente interés por los paisajes marismeños de Cádiz. Lo hemos podido comprobar en varias ocasiones; la última vez en la galería de Fali Benot donde vuelve a presentar su obra. Paisajes de marismas que muestran una apasionante naturaleza, una especialísima luz que incide inquietantemente en el conjunto de los expectantes horizontes y unas variedades naturales, con el protagonismo absoluto de las salinas, que capta la mirada sensible de cualquier buen pintor.

La exposición nos vuelve a situar en los contundentes registros de una pintora que sabe conformar los episodios de la figuración de manera clara y bien definidos. Desde esas acertadas proposiciones formales, con una pincelada abierta, poderosa... determinante, plantea un paisaje muy particular. No se deja abrumar por las calidades extremas de la luz gaditana ni condiciona el trabajo a las exuberancias lumínicas, todo lo contrario, emplea una paleta sobria, de tierras y azules oscuros, que crean una particular ambientación y definen una pintura de carácter. Por su obra circula una pintura que sólo adopta las formas concretas para establecer simples referencias de lo real; lo demás queda supeditado a la fuerza de la expresión, a los esquemas supremos de la pincelada, a la potencia extrema de unos colores que establecen la propia función de lo que se quiere definir. Y es que la pintura de Lola Montero, siendo un bello episodio que ilustra un paisaje muy puntual, con una representación tremendamente matizada por la fuerza desmedida de una plástica expectante, no se queda en los meros registros de lo real sino que los intensifica poderosamente para generar una gestualidad que rompe la linealidad figurativa y nos acerca, poco a poco, a una reducción de los elementos constitutivos en favor de una pseudo abstracción que aumenta el carácter pasional del conjunto de la obra. Sin embargo, las piezas que se presentan en la galería de la avenida Cuatro de Diciembre son contundentes obras que relatan un paisaje determinado; que sitúan en los horizontes preclaros y particularísimos de unos espacios únicos.

En las obras de Lola Montero las salinas ocupan un lugar muy especial. Ella asume la poderosa identidad plástica de las mismas y desarrolla una teoría plástica de sobrio expresionismo. Lo mismo ocurre con esos paisajes donde, todavía, aparecen aquellos viejos y entrañables molinos de mareas que desentrañan historias pretéritas y dejan vivas una arquitectura única que hay que luchar por mantener. En el paisaje de Lola Montero toda la realidad de ese espacio natural único del entorno gaditano se hace presente con una fuerza desmedida pero con una gran economía de medios. Algo que descubre la potencia representativa de una artista que sabe bien lo que hace y que logra plantear una pintura donde la realidad nos deja sus posiciones más expresivas.

Fali Benot vuelve a situarnos en los horizontes de una de sus pintoras habituales. Una artista que insiste en un paisaje marismeño de fuerza inusitada.

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