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'La ciudad y los perros' celebra sus cincuenta años con una edición especial

La novela, revisada por el propio Mario Vargas Llosa, se pondrá a la venta en todos los países hispanoamericanos

Ana Mendoza (Efe) / Madrid

21 de junio 2012 - 05:00

Cincuenta años después de que La ciudad y los perros ganara el premio Biblioteca Breve, Mario Vargas Llosa no sabe qué influencia ha podido tener su primera novela pero está "absolutamente convencido" de que "una sociedad que lee buena literatura es más crítica y menos manipulable".

"Una sociedad impregnada de buena literatura es más exigente con el mundo en el que vive y con las instituciones que la gobiernan; exige más porque sueña más, porque desea más", decía ayer al presentar la edición conmemorativa que las veintidós Academias de la Lengua Española han realizado de La ciudad y los perros. Esta cuidada edición, revisada por el propio autor y coordinada por la Academia Peruana de la Lengua, está ya a la venta en España -publicada por Alfaguara- y, en el plazo de dos semanas, estará disponible en todos los países hispanoamericanos.

Vargas Llosa no suele releer sus obras, pero sí lo ha hecho en esta ocasión con La ciudad y los perros y ha sentido "una gran nostalgia" de la época en que la escribió y de lo que significó para él. La novela fue su primera "obra ambiciosa" y, al enfrentarse de nuevo a ella, se acordó mucho de aquellos comienzos. Un libro no solo es fruto de "la fantasía y la imaginación", afirmó el escritor, sino también de la experiencia vivida, y la que reflejó el gran escritor peruano en su primera novela fue el tiempo que pasó en el colegio militar Leoncio Prado, donde su padre lo matriculó para que se le quitaran las ganas de dedicarse a la literatura. La experiencia "no fue grata" para el futuro novelista, que sufrió "mucho con la disciplina y con la violencia" que reinaba en aquel centro.

Irónicamente, todo ello le serviría como material para su primera novela, que comenzaría a escribir en Madrid en 1958 y que terminó en una buhardilla de París. El manuscrito "estuvo rodando como alma en pena de editorial en editorial", recuerda Vargas Llosa, hasta que llegó a manos de Carlos Barral, (Seix Barral), que lo presentó al premio Biblioteca Breve, y tuvo que sortear mil dificultades para superar la férrea censura franquista.

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