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Concierto en el Falla | Festival de Música Española de Cádiz Manuel de Falla Pasión Vega y Carlos Cano, un reencuentro que no decepciona

  • La intérprete regresa a las composiciones de Carlos Cano arregladas por Fernando Velázquez, esta vez con la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, para firmar un hermoso concierto en el Falla

Pasión Vega, junto a la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, dirigida por Fernando Velázquez. Pasión Vega, junto a la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, dirigida por Fernando Velázquez.

Pasión Vega, junto a la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, dirigida por Fernando Velázquez. / Jesús Marín

Fue hace cinco años, apenas una semana antes de las más entrañables fiestas, cuando Pasión Vega presentaba en el Teatro Real de Madrid uno de sus proyectos “más especiales”, la puesta en escena de un disco en el que la artista devolvía a la vida las inmortales canciones de Carlos Cano con la ayuda del músico y compositor Fernando Velázquez. Un lustro ha transcurrido de aquel magnífico concierto que se tradujo en cientos de recitales más donde se mantuvo vivo el legado de “esa otra Andalucía”, esa Andalucía sensible y con el puño siempre en alto, que representaba ese gaditano que le robamos a Granada. Y ha tenido que ser en el marco de un festival que lleva el nombre de ese otro genio que antes nos arrebatara la tierra mora de Andalucía donde los gaditanos nos hemos podido reencontrar con este concierto que ya disfrutamos hace unos años en la ciudad aunque sin la inestimable presencia de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla con la que Pasión ha podido hacer su Pasión por Cano en toda su dimensión.

No decepcionó, por tanto, este nuevo abrazo entre estos dos artistas separados en tiempo y espacio pero enamorados absolutamente de Cádiz, con lo que composiciones de tanto peso en el cancionero de Carlos como las Habaneras de Cádiz (con las que concluyó el concierto dos horas después de su inicio) o esas Murgas de Emilio el Moro (con las jambres de Andalucía y las pelotas de Puerto Real ante su reconversión naval) suenan sinceras y sentidas en la voz incuestionable de Pasión Vega.

Una artista que recordaba no sólo la “atemporalidad” sino “la actualidad” de las creaciones del autor de María la Portuguesa (incluida también, por supuesto, en este recital) y “la suerte” de haber podido retomar este proyecto tanto la noche del 22 de noviembre en el Gran Teatro Falla como la anterior en Sevilla.

Una noche, la del coliseo gaditano, reventona de respeto y cariño (“¡eres única, Pasión!”; “¡la mejor!”) por una intérprete a la que las partituras de la Sinfónica le sientan como un guante, sin echarle peso, ni quitarle, sin ahogarla, ni deslucirla, sino completándola y meciéndola en cada uno de los temas de un recital que comenzó, como comenzara hace cinco años, con el sabor de Danzón de corazón.

Al igual que entonces, Pasión opta por impregnar cada canción del espíritu sencillo y desnudo de Carlos Cano, sin excesivas florituras, sin alargamientos innecesarios, sin más adornos que una melodía (ejecutada a la perfección por la orquesta y por la propia banda de la artista), unas letras (las tremendas letras de Cano) y una voz (la caricia hecha timbre de Pasión Vega). De hecho, hasta los elementos escénicos se han ido reduciendo, con acierto, hasta dejarlos en un farol (tremendo efecto de penumbra para cantar La bien pagá) y una mesa sobre la que reposaba una flor para prenderla en el pelo (la orquídea de La reina del blues), un sombrero encarnado de ala (la metáfora de Miguel de Molina al que Cano homenajeó en Dormido entre rosas) y una copa para brindar (con champagne en la triste historia de El último bolero).

La alacena de las monjas, aplaudidísima por el respetable, no necesitó de ningún artificio, lo mismo que la Sonata de la luna de Marrakesh, o esa otra luna, la Luna de abril, que Pasión, en su memoria sentimental, despolitiza, así si Cano hablara del abril revolucionario portugués, la cantante se acuerda “siempre” de su hija Alma.

También desfilaron ante el coliseo gaditano el Romance a Ocaña, el no siempre recordado artista, anarquista y activista LGTBI José Pérez Ocaña, la emocionante Esperando las golondrinas y la nana Aires de cuna con la que concluyó el repaso a Pasión por Cano, que no el concierto

Y es que, con mucho respeto, Pasión Vega quiso terminar de dibujar su cita con el Falla con algunas de las canciones que más han marcado su carrera, petición que el público recibió de brazos abiertos cuando sonaron los compases de María se bebe las calles, Malagueña salerosa, Ojos verdes o esas imprescindibles Habaneras de Cádiz que el público exigía a gritos.

Un reencuentro dichoso, Pasión y Cano, y ambos, con su amado Cádiz.

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