Cultura

Miguel Rosendo y Lourdes Florido estrenan academia

  • Una gran reunión de artistas les acompañaron en la inauguración del local

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Se llama Saroche (con alma, en caló) y ocupa un bajo del número 38 de la Plaza Viudas. Una nueva academia de baile para Cádiz. Haber hay ya bastantes, pero la que va a ser su titular, Lourdes Florido, opina que "hay hueco para todo el mundo". Por lo pronto, ella parte con casi un centenar de alumnas a las que va a dedicar todo el bagaje acumulado en sus años de profesional y de docente, con tres años de repetidora en otra academia de la ciudad. Sin complejos, Lourdes afirma que no sabe si enseña bien o mal, pero que "la gente sale contenta". Consciente del alto nivel que hay hoy día en el baile y de la alta preparación de las bailaoras de ahora, se siente contenta con el grupo al que enseña, destacando al de última hora de la tarde, el de las mayores, que acuden sólo con la intención de pasarlo bien.

Más atrás en el tiempo, Lourdes pasó cuatro años trabajando en Japón, desde mediados de los noventa hasta el 2000, año en que regresó a casa, se casó con el cantaor Miguel Rosendo. Curiosamente, su trabajo en el país del sol naciente, tuvo mucho que ver con que Cádiz cuente hoy con un cantaor de la talla de Miguel, que es un profesional que se disputan las mejores compañías de baile. Porque ocurrió que, con ella trabajando en Japón, su entonces novio, que trabajaba de tubero en Astilleros o de fontanero, decidió liarse la manta a la cabeza y presentarse a un casting. Reconoce el cantaor que, por entonces, apenas sabía un par de letras por bulerías, las que siempre cantaba en las fiestas. El cante le tiraba y si veía a Santiago Donday canturreando por la calle lo seguía y se metía en un portal para escuchar al gitano cuando se arrancaba a cantar. Para lo de Japón lo tentó su ahora cuñado, el cantaor Miguel Florido, que también lo preparó para la prueba. Fue aceptado, pero curiosamente en esa ocasión, no lo hicieron con su novia. Él se plantó y dijo que los dos o ninguno y, paradójicamente, fue él el que terminó tirando de ella.

Mucho ha llovido desde entonces y, mientras Lourdes abandonó la carrera profesional para ser madre y, posteriormente, dedicarse a la docencia, Miguel no ha dejado de crecer como cantaor. Lo acompaña un eco privilegiado de tonos gruesos que lo identifica cuando se arranca en la oscuridad de los escenarios. Ha trabajado, como él dice, "con to quisqui", pero destaca a Israel y Pastora Galván, Manuela Carrasco o Cristina Hoyos. En fechas próximas, parte para Méjico junto al bailaor gaditano Juan Ogalla.

En la fiesta de inauguración, celebrada al mediodía del pasado sábado, los artistas estuvieron acompañados de una buena reunión de compañeros. Entre otros muchos, Cristina Hoyos y su marido José Antonio, Andrés Peña y Pilar Ogalla, El Junco y Susana Casas, Edu Guerrero, Andrés Martínez, Anabel Rivera, David Palomar, Momi de Cádiz…

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