FIT | Titzina Teatre crítica El eterno conquistador

  • La obra 'La zanja', la propuesta de Titzina Teatre para el festival gaditano

Los dos actores protagonistas de 'La zanja'. Los dos actores protagonistas de 'La zanja'.

Los dos actores protagonistas de 'La zanja'.

El grupo catalán Titzina Teatre se plantea como objetivo generar preguntas en el espectador. Con su obra La zanja esta pregunta gira en torno a las relaciones de poder y a la potente atracción que ejerce el oro, vil metal, “poderoso Caballero”. Es además, una reflexión sobre el complicado acercamiento entre dos culturas diametralmente opuestas, con dos visiones del mundo con escasos puntos de conexión.

La propuesta de Titzina en el FIT se centra en la particular colonización moderna, la que los poderosos ejercen sobre los pueblos supuestamente menos desarrollados pero poseedores de importantes riquezas naturales que el llamado primer mundo codicia. Un técnico de una multinacional minera en busca de oro representa a esa sociedad ambiciosa centrada en conseguir el éxito social y económico a toda costa y que, para lograrlo, no escatima en pasar por encima de lo que sea y de quien sea. Al otro lado está el alcalde de un pequeño pueblo de la sierra en Suramérica, un lugar sin determinar pero que representa a esas pequeñas comunidades que viven todavía en contacto con la naturaleza, para la que los árboles, las montañas y el cielo no son parte de un paisaje inerte, sino piezas fundamentales de una gran familia en la que seres humanos, animales y plantas conviven como parte de un todo indisoluble.

En La zanja, el paralelismo con la conquista de América se hace evidente y presente. La historia remite al conquistador Pizarro y al último soberano inca, Atahualpa. El pasado y el presente se tocan para sustentar un relato que se sucede una y otra vez a lo largo de los siglos: el fuerte contra el débil, que lucha y se resiste, pero que, finalmente, es subyugado.

La propuesta de Titzina está bien construida, sustentada en un texto que combina equilibradamente tragedia y comedia. La escenografía es minimalista y sugerente. Sobre el suelo de la escena, varios felpudos conforman un puzle bajo el que se esconden diferentes objetos, incluso uno de los actores, y que semeja el relieve irregular del campo. Un telón de fondo y las luces aciertan a evocar distintos ambientes.

Los dos actores integrantes de la compañía se encargan de todos los papeles: encarnan al técnico minero y al alcalde del pueblo, pero también a los dos aparentemente inocentes lugareños a los que la trama reserva un papel para nada inofensivo. También son las mujeres que planean cómo sacar partido de su desgracia, el maniático dueño del hotel local, incluso el trasunto de Pizarro. La interpretación de todos estos personajes es desigual.

Titzina apuesta por un teatro en el que el mensaje cobra relevancia. Su propuesta da qué pensar.

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