Cultura

Cádiz, el cine de una década

  • Rafael Garófano analiza la historia del séptimo arte en la ciudad con el libro ‘El cine, los cines y Cádiz. 1950-1961’, editado por el Servicio de Publicaciones de la Universidad

Rafael Garófano. Rafael Garófano.

Rafael Garófano. / Lourdes de Vicente

Cádiz, como el resto de España en la década de los años 50, seguía viviendo en blanco y negro por mucho que algunos quisieran –y siguen queriendo– colorear aquella realidad. Y la oscuridad de Cádiz era aún más espesa si tenemos en cuenta que la ciudad y sus habitantes trataban de recuperarse del mazazo que supuso la histórica explosión de 1947. En ese contexto, en esa época socialmente aún no estudiada en profundidad, se sitúa el libro El cine, los cines y Cádiz. 1950-1961, el volumen firmado por Rafael Garófano y editado por elServicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz y que fue presentado en la reciente Feria del Libro. Por novedoso en su temática, por su pulcritud investigadora, por su amena galería de imágenes y por su certera estructura argumental, el libro se antoja imprescindible para acercarse al ocio y la cultura, a la sociedad en definitiva, de una época tan ensombrecida.

Dividido en diez capítulos, la obra de Rafael Garófano se centra primero en los cines comerciales de Cádiz de aquella década, para continuar por la cartelera, detenerse en la incipiente crítica cinematográfica y recordar las mejoras tecnológicas de los cines y las películas, la publicidad y los anuncios de las películas.

Un capítulo, uno de los más interesantes del libro, analiza con detalle el mundo de los cineclubs en la ciudad, como continuación de un movimiento que ya había surgido en España en décadas anteriores y que en Andalucía comenzaba también a abrirse paso.

Las últimas partes del libro se centran en las películas y proyecciones de la Casa Americana, nacida al amparo de la nueva Base de Rota, la censura y las calificaciones morales, el cine infantil en las salas comerciales y un último capítulo dedicado al cine educativo y escolar, antes del obligatorio apartado bibliográfico y de otras referencias documentales.

Y antes de todo, una introducción que el autor dedica a argumentar el espíritu y la intención de su obra y, sobre todo, a construir un somero pero oportuno retrato de la sociedad gaditana de aquella década, un breve estudio sociológico de una época poco investigada en una ciudad que, tras la explosión, comienza a dibujar su configuración futura con el marcado desarrollismo, en muchas ocasiones arbitrario, que caracterizó a la dictadura franquista.

“El libro –explica Garófano– fue surgiendo para ordenar y completar diversos asuntos de interés relacionados con el cine en Cádiz que había ido indagando. Después pensé que para plasmarlo en un libro y darlo a conocer con precisión era necesario exponer los hechos en el contexto del régimen franquista y de la concreta historia de la ciudad de Cádiz. Una ciudad que en 1950 empezó a recuperarse de la desastrosa explosión de 1947 y que en 1961 empezó a recibir las emisiones de la Televisión Española desde el nuevo repetidor de Guadalcanal, en la provincia de Sevilla”. Por eso el libro acaba en 1961, en el año en el que la televisión empieza a entrar en los hogares cambiando sustancialmente las costumbres y los hábitos familiares.

En medio de esas dos épocas se sitúa, pues, el estudio de Garófano, que define a los cincuenta como “la década de dos apogeos: el de la dictadura franquista, que ya había reprimido, hasta el exterminio, a la oposición al régimen, y el del cine, que reinaba, casi como monopolio, por encima de cualquier otra modalidad de espectáculo. La gente en aquellos años trabajaba muchísimo, sin derechos ni libertades, para sacar la familia adelante, a la vez que iba al cine de forma masiva y frecuente para, entre otras cosas, evadirse y compensar ilusoriamente sus frustraciones y carencias. Un esparcimiento, aunque limitado por el nacional-catolicismo y su estricto régimen de censura, no carente de valores culturales, como bien recalcaba en la época Fernando Quiñones desde las páginas de La Voz del Sur”.

Los periódicos y las revistas de la ciudad han sido fundamentalmente las fuentes informativas del investigador gaditano, además de distintos archivos como el del Colegio Mayor Universitario. Incluso para el destacado capítulo de los cineclubs, el autor amplió, evidentemente con éxito, su ámbito de búsqueda: “Me desplacé a los archivos de Sevilla, Granada y Córdoba para contextualizar en Andalucía lo sucedido en Cádiz en esta materia. También conté con las informaciones verbales y documentales que me aportó la familia del crítico cinematográfico del Diario de Cádiz de aquellos años, Donato Millán, de la familia del creador del cine escolar en Cádiz, José Vasallo Parodi, y de uno de los fundadores del Cine-club Universitario de Cádiz junto a Jaime Pérez-Llorca, el periodista onubense José María Segovia”.

Y en este punto destaca Garófano el acierto de acudir a fuentes tan directas: “Como los años del franquismo se suelen estudiar desde una perspectiva más estrictamente política, la verdad es que tengo la sensación de haber atrapado algunas informaciones a punto de perderse”.

El estudio de Garófano contiene también ese halo de sentimentalismo de nombres y escenarios que aún están en la memoria de muchos gaditanos pese a que el tiempo los ha ido eliminando. Los cines, indudablemente, forman parte privilegiada de ese imaginario: Gades, Municipal, Popular Cinema, Delicias, San Carlos, Avenida, La Palma, Terraza, Imperial, España, Caleta, Brunete, Maravilla, Nuevo... Salas grandes y cines de verano, muchos nacidos en esta década, que marcaron una época hasta su lenta y progresiva desaparición. Cines comerciales citados en el libro aunque a Garófano le gusta llamar la atención sobre las otras líneas cinematográficas, las iniciativas no comerciales: “Fueron promovidas por diferentes asociaciones, entidades y organismos, más o menos oficiales, para convocar, entretener, educar y controlar al personal, ya fuesen niños, jóvenes o adultos. Como el Club Cine Mundo, el cine-club Universitario del SEU, el cine-club del Frente de Juventudes, el Cine Juventud, el cine-club del Movimiento, el cine de la Casa Americana y el municipal Cine Escolar. Todos ellos utilizando proyectores para películas y documentales de 16 milímetros y utilizando diferentes dependencias y salones de la ciudad”.

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