La autopsia y el vuelo
Ultramarinos de Lucas. Dramaturgia y adaptación: Amparo Sanz. Dirección: Jorge Padín. Escenografía: Juan de Lucas. Iluminación: Antonia Esteban. Vestuario: Elena Revuelta. Espacio sonoro: Borja Ramos. Intérprete: Juan Berzal. Fecha: Jueves 31 de octubre. Lugar: Sala La Fundición. Aforo: Un cuarto.
Hay dos cosas maravillosas en esta obra, dos logros puramente teatrales que Juan Berzal, el único actor sobre las tablas, sabe gozar y transmitir a los espectadores en la sala. La primera es el desfase, el abismo que se abre entre lo que se escucha y lo que se ve: la palabra shakespeariana -directa o parafraseada- y la soledad algo ridícula del actor, a la fuerza polifacético, aquí un trapero -criatura de Beckett o Bergman- que parece arrastrar una secreta melancolía que le impidiese actuar normalmente: todos mueren en el Lear de Shakespeare y todos parecen haber muerto en la compañía de Berzal, excepto un técnico que además le juega malas pasadas.
Así llegamos a la segunda virtud de La sombra de Lear, la que nace del arte de la interrupción y de su derrota final. Berzal deletrea la obra, la explica, la comenta irónicamente, la interpreta con trapos y trozos de maniquíes. Pero nada puede contra estas divinas palabras.
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