Oro, sangre y 108 metros de infierno en un aparcamiento de Arcos
La Guardia Civil destapa la planificación de una banda especializada tras el violento robo que dejó a un joyero cordobés marcado física y psicológicamente tras ser golpeado para robarle 300.000 euros
Detenido un grupo criminal que colocó una baliza GPS a un joyero para robarle más de 300.000 euros en joyas en Cádiz
Al oro le pasa como a la sangre, es muy escandaloso. Dos simples vocales, Au, igual pueden simbolizar al metal precioso en la tabla periódica de los elementos que resumir el grito de dolor ante unos golpes propinados con muy malas ideas por otros dos elementos en el aparcamiento de un hostal de Arcos. Diego, el joyero cordobés que sufrió el brutal ataque, no olvidará nunca una experiencia tan traumática que no hay oro capaz de enterrarla en la memoria.
Su pesadilla empezó en silencio horas antes de que llegara el atraco, a eso de las dos y media de la madrugada del pasado 8 de julio, cuando dos elementos peligrosos entraron en el garaje de su casa de Córdoba y sustituyeron su dispositivo de geolocalización por otro en la rueda trasera de su Mercedes CLA200 para tenerlo controlado en todo momento.
A las siete de la mañana del día siguiente la víctima inicia su ruta desde su taller de joyería hacia diferentes establecimientos de Jerez y Arcos. Luego se dirige al hostal Voy Voy de la calle Miguel Hernández, en Arcos, para comer y descansar. A las cinco y cuarto de la tarde sale con su maleta llena de joyas para continuar con su labor comercial. Y entonces su mundo estalla en pedazos.
Diego se dirige hacia su vehículo, abre el maletero y se dispone a dejar allí su mercancía cuando un Volkswagen T-Roc llega derrapando en dirección contraria y se coloca a su lado. El copiloto se baja, lleva su rostro cubierto por un pasamontañas: “Esto es un atraco”, dice, en una explicación tan innecesaria como aterradora.
Diego tiene miedo pero se resiste a soltar la maleta. Uno de los dos elementos empieza a golpearlo con el puño en la cabeza, como en una de esas películas de mafiosos. Le amenaza. “Suelta, te vas a buscar una ruina. Voy a sacar la pistola”, le advierte.
No sin gran esfuerzo el atracador consigue meter parte de la maleta llena de joyas en el vehículo y el conductor arranca. Pero Diego no suelta su tesoro. Le arrastran con la puerta abierta hasta una glorieta situada frente al bar La Garrocha. La Guardia Civil ha constatado que lo desplazaron por el suelo 108 metros hasta que consiguieron arrancarle completamente la maleta que Diego defendió hasta la extenuación.
En su interior hay oro y joyas por valor de 180.000 euros, pero este precio está calculado al precio al que Diego vende las joyas a los comerciantes. La cantidad podría ascender considerablemente atendiendo al precio de venta al consumidor. De hecho, se calcula que su valor de mercado rondaría los 300.000.
Una patrulla de la Guardia Civil que se encontraba de servicio en la localidad de Espera recibe el aviso del atraco y llega a cruzarse con el vehículo sospechoso. Sin embargo, los autores logran huir a gran velocidad y su rastro se pierde poco después. Las diligencias posteriores apuntan a que el coche utilizado en el atraco había sido robado previamente y portaba placas de matrícula falsas. Tras el asalto, los delincuentes abandonan el vehículo en las proximidades de Arcos y continúan la huida en otro automóvil de apoyo.
De las Tres Mil Viviendas
Los investigadores atribuyen los hechos a una organización criminal asentada en las Tres Mil Viviendas sevillanas con reparto de funciones y distintos niveles de responsabilidad. Según las conclusiones recogidas en las diligencias, el grupo contaría con miembros encargados de sustraer vehículos, falsificar matrículas, instalar dispositivos de seguimiento, realizar vigilancias discretas y ejecutar materialmente los robos, además de otros integrantes dedicados al apoyo logístico y a facilitar la huida.
Precisamente fue la baliza de seguimiento la que delató a la banda de Abraham J. B., apodado Tripocho, uno de los cinco sospechosos de este violento robo que quedó en libertad tras abonar una fianza de 6.000 euros. El juez entendió que el joyero no identificó plenamente a sus atacantes, algo complicado si se tiene en cuenta que llevaban pasamontañas y uno de ellos le golpeaba la cabeza mientras lo arrastraban colgado de la puerta de un todoterreno. Al analizar los datos del dispositivo de seguimiento, los investigadores del Instituto Armado comprobaron que había sido conectado dos días antes, en concreto, a las 23:47 horas del 7 de julio, en el interior de un bloque de las Tres Mil Viviendas.
La Guardia Civil analizó igualmente las cámaras de la gasolinera, donde captaron a dos de los detenidos, Andrés L. B., alias Chicuco, y a Abraham J. B., Tripocho, bajándose de un vehículo en el que viajaban otros dos individuos que aún no han sido identificados. Y en el garaje de la víctima en Córdoba, las cámaras de videovigilancia revelaron que sobre las 02:39 horas del 8 de julio, coincidiendo con el último estacionamiento que aporta la baliza GPS, dos individuos entraron en el inmueble y colocaron el dispositivo en el vehículo del joyero que sería atracado un día después. Los investigadores consideran que uno de los que colocó la baliza fue Tripocho, algo que deducen por el calzado que llevaba, el mismo que se observa en las imágenes de la gasolinera.
La Guardia Civil considera que el grado de planificación, el uso de medios técnicos avanzados y la violencia ejercida evidencian la actuación de un grupo experimentado que selecciona previamente a sus víctimas y estudia sus rutinas antes de actuar. Un grupo, eso sí, que sacaba tiempo para realizar rituales de santería para solicitar protección ante sus fechorías y agradecer sus éxitos. En uno de los registros también se encontró un ejemplar de caimán que ha sido entregado a las autoridades competentes.
La víctima, además de las lesiones físicas, sufrió un fuerte impacto psicológico tras un asalto que casi le cuesta la vida.
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