La hora del "pánico" en el 'todo incluido' de un hotel
El fuerte viento desaloja el Calas de Conil en pleno desayuno
El paso del supuesto tornado que se registró ayer en la costa gaditana -en la zona de Chiclana y Conil de la Frontera- bastó para llevarse desde tejas e infinidad de cascotes de ladrillo hasta mesas, sillas y sombrillas, árboles y hasta una de esas resistentes ventanas de más de cuatro metros fabricadas para aguantarlo prácticamente todo. Son sólo algunas de las heridas que dejó este fuerte vendaval que se acercó a los 100 kilómetros por hora en un complejo hotelero (Confortel Calas de Conil) en el que se encontraban hospedadas alrededor de 200 personas procedentes tanto de la propia geografía española como del extranjero. Fueron momentos de "miedo" y "pánico", como así lo manifestaron algunas de las madres que trataban de proteger a sus hijos con su propio cuerpo del posible impacto de un cristal o una silla de la zona del comedor situada entre la sala principal y el exterior.
Todo sucedió pasadas las 8:30 de la mañana de ayer. La madrugada había dejado algunos golpes de viento realmente fuertes y el oleaje fue bastante virulento, pero existían pocos argumentos para pensar que el tiempo podría deparar una situación como la que se vivió en este enclave de la Costa de la Luz. Ni siquiera la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) o Protección Civil -desbordados tras los hechos- presagiaba algo parecido. La página de Aemet arrojaba un 30% de posibilidad de precipitación y viento, pero poco más. Era una hora además en la que numerosos huéspedes de este lujoso hotel aprovechaban para tomar el desayuno, por lo que las zonas comunes estaban repletas.
El miedo cundió a partir del momento en el que el viento se llevó una de las cristaleras que separan el interior del hotel de los espacios que estaban recibiendo las sacudidas más fuertes. Fue un golpe seco y después llegó el de los cristales rotos y el impacto de sillas y cubiertos contra suelo y paredes. En ese momento, familias enteras empezaron a buscar un sitio en el que protegerse.
En sólo unos minutos la dirección del Confortel Calas de Conil activó el plan de emergencia. Más de una decena de camareros y los componetes del personal de seguridad pasaron a la acción con rapidez. La consigna era llevar a los clientes al aparcamiento subterráneo, el punto más seguro de este establecimiento, en tiempo récord y sin utilizar ascensores ni pasar por la zona dañada del hotel. La evacuación se llevó a cabo en poco más de cinco minutos.
El parking estaba repleto de personas, algunas aún con palidez en el rostro y con alguna lágrima en los ojos. "El susto ha sido tremendo", precisó una de ellas. Otra señalaba que era "algo parecido a lo que vemos en televisión". Una pareja, por su parte, destacaba el buen resultado de la operación desplegada por el hotel. En el aparcamiento se montó además una especie de comedor de campaña. En las mesas había prácticamente de todo lo que se podía haber consumido en el comedor.
Mientras tanto -el desconcierto duró en torno a una hora-, todo volvió a la normalidad y el personal del hotel volvió a desarrollar la misma acción aunque a la inversa, es decir, del parking al hotel. Aún quedaban, sin embargo, heridas visibles del vendaval. El 'todo incluido' volvió a ejercer como tal y todo quedó simplemente en la anécdota del susto vivida en la hora del desayuno.
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