El otro hermano de Manuela
Sociedad Lucha en Vejer por el bienestar de un menor
Vecinos de El Palmar se movilizan para pedir a la Junta de Andalucía que les deje hacerse cargo de Felipe, el niño de cinco años dado a una familia de acogida tras la detención de su padre, un alemán reclamado
"Queridos lectores, quiero contar esta historia para haceos cómplices de ella y espero que os llegue a vuestro corazón como desde el mío sale. Antes de nada, voy a presentarme. Soy Gertrudis, vecina de El Palmar de Vejer de la Frontera, con 43 años, ama de casa, casada con tres hijos, Lucía, Antonio y José, mayores de edad e independizados, y la más pequeña, Manuela, de 5 años, la edad del niño que protagoniza esta historia, Felipe, que, con tan sólo 5 años, a tan temprana edad, ha tenido que vivir tanto y tan poco bueno".
Gertru no puede evitar emocionarse. Lleva días sin poder conciliar el sueño, con el corazón roto por no poder ver a su otro hijo. Al otro hermano de Manuela, su hija pequeña, la amiguita inseparable de Felipe, el niño que se había convertido en uno más de su familia, y al que la Junta de Andalucía ha entregado a una familia de acogida, tras ser detenido su padre, un alemán llamado Jurgen afincado en El Palmar desde hace años, por tener causas pendientes en su país natal.
Esta mujer ha emprendido una lucha para reclamar a la Junta que le deje hacerse cargo del pequeño, como llevaba haciendo desde hace años, en la que no está sola. La apoyan otros vecinos como Montse. Como Luis, el dueño de la casa en la que vivía Jurgen con su hijo, que como Gertru terminó abriendo las puertas de su casa y de su corazón a los dos. También desde la asociación de vecinos. Desde la asociación de padres y madres y desde el profesorado del colegio Salobreña del Palmar, al que todos los días acudía Felipe. Siempre con Manuela.
"¿Qué cómo es Felipe? Es muy rubito, con la piel muy blanca, con unos ojitos chiquititos... Cuando se ríe le salen dos hoyuelos muy graciosos en la barbilla". Gertru habla con pasión de madre del pequeño. Conversa con este diario desde su casa, en El Palmar, en la que, hasta que detuvieron a Jurgen primero, llevándose después a Felipe, el pequeño estaba casi todo el día.
Desde que Manuela entró en el colegio, ella y Felipe se hicieron inseparables. La madre del niño, Martina, también alemana, enganchada a las drogas, hace tiempo que los abandonó. Jurgen y el pequeño se empadronaron para que Felipe pudiera ser escolarizado. Martina le cedió la custodia del pequeño. Los servicios sociales del Ayuntamiento de Vejer estaban pendientes del menor para controlar que no hubiera desamparo, y todos los del entorno contribuían a dar al pequeño cariño, seguridad y confort.
Gertru les lavaba la ropa a los dos. Felipe empezó primero pasando la tarde en su casa. Después, comía, y al final, se quedaba hasta tarde. Jurgen se evitaba tener que pagar a alguien para que lo cuidara mientras él trabajaba. De este modo, Felipe se convirtió en uno más de la familia. En el otro hermano de Manuela. El quinto hijo de Gertru.
El pasado 3 de febrero, después de dejar al niño en el colegio, el padre fue detenido allí, delante de todos. Hora y media después, tres policías se personaban para llevarse al pequeño. A un centro de la Junta. Después, a una familia de acogida. "Eso no son formas. No vino ninguna asistenta. Él estaba tan asustado..."
Gertru ha intentado ir a verlo pero no le dejan. Ha tocado muchas puertas, y le han dicho que para eso hay que ser una "familia especializada". "Su familia somos nosotros. Para querer a un niño no hacen falta estudios ni cursos. Sale del corazón", replica ella.
Se ha buscado un abogado. Ella y todos. Porque también Luis, el casero de Jurgen, se ha movido lo suyo. Pero han topado con la burocracia. Con un férreo protocolo existente para evitar el desamparo de los menores que en el caso de ellos, en el caso de Felipe, creen que no hace falta.
Ella sólo busca lo mejor para el pequeño. Por eso cree que debe quedarse en El Palmar, con los suyos, hasta que su padre salde sus cuentas con la Justicia. "Él sabía que le cogerían si movía papeles en el Consulado. No le importó. Lo hizo para arreglar la situación del pequeño. Es un buen padre. Si los hubieran visto juntos... los dos se adoran".
Gertru no pide mucho. Sólo hacerse cargo del pequeño hasta que se haya resuelto todo el papeleo. El que han emprendido, en Alemania, los abuelos paternos de Felipe, dispuestos a acogerlo. Y en Vejer, la tía del pequeño, Cornelia, hermana de Jurgen, que también quiere cuidarlo.
"A nosotros nos conoce y nos quiere. Aquí tiene su colegio, su hogar. Hay casos y casos. Felipe no está desamparado", dice Gertru. Con dolor de madre.
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