El parqué
Jornada de cautela
Durante casi un siglo acogió y protegió a miles de viajeros que emprendían o finalizaban su viaje en la ya extinta estación de trenes de Puerto Real, que se ubicaba frente al parque del Porvenir. Hace cinco años, coincidiendo con el inicio de las obras del soterramiento, estas marquesinas de estructuras muy singulares fueron eliminadas de su lugar de origen, justo antes de que la estación fuese derribada. A partir de ese momento se hablo, y mucho, del destino que iban a tener y los posibles usos que se le daría.
Ahora, a punto de finalizar las obras de la nueva estación, las marquesinas han regresado a su lugar de origen, para seguir cumpliendo con el cometido para el que fueron creadas, resguardar y dar sombra a viajantes y paseantes.
Esta semana, la estructura, tras ser remodelada y adecentada se ha empezado a colocar en la plaza resultante tras el soterramiento de la vía, aunque con una disposición diferente. En este caso se ha optado por unir dos de los antiguos tramos y colocarlos "a dos aguas" en un espacio más reducido. Estos serán recubierto con un material que de momento no está del todo decidido.
Con la recuperación y puesta en valor de estos emblemáticos elementos, según el responsable de Cultura, Manuel Izco, "cumplimos con el compromiso de respetar nuestro patrimonio, de mantener y perpetuar lo que nos ha sido legado, de la mejor manera posible para el disfrute actual y futuro. Algo que ya hicimos hace poco más de un año con la recuperación de los arcos de gas de la calle de la Plaza y ahora lo volvemos a hacer con la restauración y colocación en la nueva estación del retablo cerámico de la Virgen de Lourdes y las columnas y marquesina que eran símbolo del antiguo edificio y que ahora se unen a los nuevos elementos."
El equipo de Gobierno ha querido destacar la sensibilidad que en todo momento ha mostrado la Dirección General de Infraestructuras Ferroviarias. "Desde que le trasladamos nuestro deseo de restaurar ambas piezas y de conservar esos símbolos de identidad tan nuestros, se mostraron muy receptivos y trabajamos de la mano para que los puertorrealeños tuvieran la ilusión de conservar dos símbolos de su historia", finalizó Manuel Izco.
La antigua estación, construida en torno al año 1860, no contaba en principio con elemento alguno que protegiera a los viajeros de la intemperie en la zona del andén, incorporándose una marquesina algunos años más tarde, poco antes de concluir el siglo XIX. Esta protección se compuso por columnas de hierro fundido que sostenían la techumbre, igualmente en hierro, la cual perduró cumpliendo su original función hasta el derribo de la estación hace apenas un lustro. Es así como este elemento se convirtió durante más de un siglo en quizá la parte más sobresaliente, material y patrimonialmente hablando, del antiguo edificio. Por su parte, el retablo cerámico de la Patrona de la localidad, que está siendo restaurado cuenta con mas de 50 años de antigüedad.
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