El acusado por el crimen de Eva Aza en El Puerto: "Soy culpable, pero nunca tuve intención de hacerle daño"

El procesado declara que mató a la víctima de un disparo accidental en la cabeza durante un forcejeo

La Fiscalía rebaja de 25 a 20 años su petición de cárcel al apreciar ahora la atenuante de reparación del daño

Un disparo a bocajarro en la cabeza o un tiro fortuito

El acusado a su salida del furgón policial antes de entrar a juicio. / J.A.

"Soy culpable, pero nunca tuve intención de hacerle daño". Fueron las palabras exactas que el acusado de asesinar a Eva Aza, una enfermera de 46 años que murió en El Puerto de Santa María el 8 de enero de 2023 tras recibir un tiro en la cabeza, ofreció este jueves durante la cuarta sesión del juicio con jurado que se celebra esta semana en la Audiencia Provincial de Cádiz.

El procesado, que solicitó prestar declaración en último lugar -una vez practicada la prueba testifical y pericial- manifestó al tribunal popular que Eva y él no eran una pareja formal. "Nos conocimos en un centro de rehabilitación para drogodependientes, allí era la persona con la que más hablaba. Nos teníamos mucho cariño y para mí era una amiga muy especial, pero no teníamos planes de futuro, manteníamos una relación íntima pero abierta", matizó. Al respecto, añadió que ella residía en Chiclana y él, en El Puerto, si bien -precisó- pasaban los fines de semana juntos en una casa o en otra para ingerir "cocaína, MDMA y alcohol".

Sobre sus problemas de drogadicción, el encausado apuntó que empezó a consumir "desde muy joven, en la adolescencia" y que estuvo internado en varios centros de desintoxicación, aunque nunca logró desengancharse. En alguna ocasión, especificó, llegó a estar ingresado por sobredosis.

La noche en la que ocurrieron los hechos, indicó, Eva, un amigo de ella, Gatica, y él salieron de fiesta por el centro de El Puerto. "Estuvimos bebiendo y tomando drogas el día entero", apostilló. Sobre las dos de la madrugada, los tres se desplazaron hasta el piso del encausado, en Valdelagrana y allí -dijo- siguieron consumiendo sustancias tóxicas en el salón del inmueble.

En un momento dado, señaló el acusado en sala, Eva lo llevó al dormitorio y le advirtió que Gatica le había robado un gramo de cocaína. Ambos regresaron al salón, pero antes él cogió su revólver, indicó. "Gatica y Eva empezaron a discutir mientras que yo me fui a la cocina. Una vez allí, pegué un tiro al suelo para callarlos y asustarlos, fue un impulso".

Según el relato del procesado, dejó el arma en la cocina, se dirigió al salón y discutió, esta vez, con Gatica, que acabó por marcharse del domicilio. Entonces se inició otra disputa entre Eva y él en la que le advirtió que no podían seguir con la relación. "Lo único que hacíamos juntos era destruirnos, la situación era insostenible", afirmó en alusión a la adicción de ambos a los estupefacientes.

Durante esa pelea, subrayó, Eva cogió el revólver y él se lo quitó con la mano izquierda. Comenzaron así un forcejeo rápido durante el cual "el arma se disparó", aseveró. Sobre la trayectoria descendente del tiro, argumentó que él era más alto que la víctima y que, por tanto, sujetaba el revólver desde más altura. En cuanto a si el tiro letal se produjo a bocajarro o a más distancia, reiteró que el arma se disparó de manera accidental, posiblemente, cuando la boca del cañón estaba más próxima a Eva.

En un intento de explicar cómo fue el forcejeo y a petición del abogado de la Junta de Andalucía, que ejerce la acusación popular en este procedimiento al tratarse de un caso de violencia de género, el acusado cogió el revólver en la sala para recrear con gestos y movimientos lo sucedido, momento en el que rompió a llorar.

"No tuve la intención de hacerle daño, yo sólo quería que no cogiera el arma", declaró el encausado para alegar que el tiro en la cabeza que acabó con la vida de Eva fue fortuito.

"Me puse muy nervioso, la llamaba y ella no reaccionaba. Quise avisar a la Policía desde mi teléfono pero ni siquiera atinaba a marcar. En los últimos registros del móvil vi el número de Gatica y lo llamé para pedirle que él informara a la Policía", testificó. "Después vi mis manos llenas de sangre y a partir de ahí no recuerdo nada más".

A preguntas de la fiscal, indicó que se fue de su piso de Valdelagrana con el revólver, el móvil, la cartera y 700 euros en efectivo en billetes de 50.

El encausado explicó que, una vez detenido en los calabozos, repitió varias veces a los agentes que le pegasen un tiro porque había matado al amor de su vida. "Eva era una persona muy especial para mí". También refirió que entregó las llaves de su domicilio a la Policía porque "quería que supieran que ella estaba allí".

Cuestionado por la acusación particular, que ejerce la familia de la fallecida, el procesado insistió en que no mató a Eva de manera deliberada y señaló que poseía un arma "por defensa propia, al moverme en un mundo de mala vida".

Durante su declaración ante el jurado, el encausado mostró su arrepentimiento por lo sucedido y pidió perdón a la familia de Eva, a su familia y "a cualquier persona a la que haya podido hacer daño".

Sobre su situación actual, destacó que se ha rehabilitado en el centro penintenciario donde permanece interno de manera preventiva desde el día después de que ocurrieran los hechos, que ha accedido a un módulo de respeto y que sufre insomnio crónico, así como un trastorno ansioso-depresivo.

Fiscalía rebaja su petición de cárcel

Una vez finalizada la cuarta sesión del juicio, tanto las acusaciones como la defensa del encausado elevaron a definitivas sus conclusiones. En este punto, la Fiscalía modificó su escrito de acusación inicial y añadió la atenuante de reparación del daño al haber consignado el procesado 170.000 euros por los daños ocasionados a la familia de Eva Aza, un ingreso que obtuvo después de vender el piso de Valdelagrana donde sucedió el crimen. Así, la fiscal mantuvo la calificación jurídica de los hechos como asesinato, si bien rebajó de 25 a 20 años de cárcel su petición de pena prisión; un planteamiento al que se adhirió la Junta de Andalucía.

La familia de la víctima, por su parte, elevó la suma solicitada en concepto de responsabilidad civil de 340.000 euros a 450.000.

Por último, la defensa sostuvo que estos hechos deben ser juzgados como un homicidio en el que concurren cuatro atenuantes: drogadicción, reparación del daño, arrebato u obcecación y confesión espontánea.

Pericial

Antes de la declaración del acusado, testificaron este jueves en un careo dos peritos: el jefe del Servicio de Patología Forense del Instituto de Medicina Legal de Cádiz y un psicólogo especialista en el abordaje de personas con problemas de drogadicción solicitado por la defensa. El primero confirmó que el procesado había consumido sustancias estupefacientes, al menos, durante los tres meses previos a la noche de los hechos, como así desvelaron los análisis toxicológicos capilar y de orina practicados. El forense advirtió, no obstante, que el informe aportado a la causa sobre el estado de salud en el que se encontraba el encausado justo después de la muerte de Eva describía a una persona "orientada, consciente y sin alteraciones psicóticas". De otra parte, el perito de la defensa aseveró que el acusado arrastraba un historial de drogadicción "severo", lo que derivó en una "afección psicológica", así como en un "trastorno mental" que afectó a sus capacidades intelectivas y volitivas.

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