Crimen machista de Eva Aza en El Puerto: Un disparo a bocajarro en la cabeza o un tiro fortuito
La defensa sostiene que el acusado y la víctima forcejearon durante una discusión en la que el arma se disparó de manera accidental. Las acusaciones hablan de ejecución
El fiscal pide 25 años para el acusado de asesinar a Eva Aza en El Puerto "como si de una ejecución se tratara"
Arranca en la Audiencia Provincial de Cádiz el juicio con jurado por el crimen machista de Eva Aza, una enfermera de 46 años de edad que murió el 8 de enero de 2023 a manos de la que entonces era su pareja, el acusado J.C.. Eva falleció de madrugada en un piso de la urbanización de Valdelagrana, en El Puerto, tras recibir un disparo en la cabeza. Nadie cuestiona este hecho. Lo que sí tendrán que determinar los miembros del tribunal popular durante las ocho sesiones de juicio previstas es si el tiro que acabó con la vida de Eva fue intencionado y "a bocajarro", como sostienen el fiscal, la familia de la víctima -que ejerce la acusación particular- y la Junta de Andalucía -que ostenta la acusación popular-, o si por el contrario fue accidental, como asegura la defensa del procesado.
Durante la primera sesión del juicio celebrada este lunes en el Palacio de Justicia gaditano, el abogado defensor explicó en su alegato inicial que el encausado y Eva se conocieron en un centro de rehabilitación de drogodependencia y que mantenían una relación esporádica, "sin planes de futuro". "Llevaban unos ocho meses juntos y no convivían", matizó.
La noche en la que ocurrieron los hechos, dijo, J.C. había o consumido una cantidad "desproporcionada" de alcohol y cocaína junto con Eva y un amigo de ella, Gatica. Estuvieron de bares y acabaron de madrugada en su piso de Valdelagrana, donde siguieron bebiendo y consumiendo. En un momento dado, se inició una discusión en la que se acusó a Gatica de haber robado un gramo cocaína. Según la defensa, J.C. cogió entonces un revólver, para el que no tenía licencia, y pegó un tiro al suelo de manera "disuasoria", lo que provocó que el amigo se marchara del domicilio.
La disputa, prosiguió la defensa, se trasladó entonces a la pareja. "Eva cogió el arma, se apuntó, después apuntó a J.C. y durante un forcejeo, el revólver se disparó de forma accidental".
Para reforzar la hipótesis de que este caso se trata de un homicidio involuntario y no de un asesinato, el abogado del acusado destacó que el cuerpo de la víctima presentaba hematomas y arañazos en los brazos que se produjeron cuando aún estaba viva, lo que demostraría que hubo un forcejeo "cara a cara". También señaló que Eva tenía la marca del punto de mira del cañón en la muñeca, una herida que avalaría su tesis de que la mujer luchó en su defensa.
El fiscal, la familia de la fallecida y la Junta de Andalucía, por su parte, consideraron que el crimen machista de Eva Aza fue un asesinato. Para las acusaciones, el procesado perpetró un ataque letal "de forma sorpresiva y repentina", de manera que la víctima no tuvo ninguna posibilidad de respuesta o defensa "al haber realizado el disparo a bocajarro, en contacto directo con la región frontal del cráneo de ella y en dirección descendente". Se aseguró así el resultado de la muerte al apuntar "en una zona completamente vital, como si de una ejecución se tratara". La víctima, precisó la acusación pública, no contaba con ningún arma para repeler el ataque. Estaba "en una clara situación de inferioridad de medios".
Confesión, drogadicción y reparación del daño
La defensa del encausado planteó a los miembros del jurado cuatro atenuantes que rebajarían la posible condena: el consumo crónico de estupefacientes por parte de J.C., lo que mermó su capacidad de discernir en el momento de los hechos; el arrebato u obcecación; la reparación del daño, al haber consignado en la cuenta del juzgado 170.000 euros por los daños ocasionados a la familia de Eva; y el arrepentimiento y la confesión espontánea. En ese punto, el abogado aseveró que el procesado, una vez detenido en los calabozos, manifestó a los agentes: "Por favor, pegadme un tiro que he matado al amor de mi vida".
La fiscal del caso, sin embargo, rebatió esta supuesta colaboración y explicó que, en los calabozos, J.C. involucró a una tercera persona -al amigo que estaba en el piso-, que en la fase de instrucción se acogió a su derecho a no declarar y que en el juicio que acaba de arrancar en la Audiencia el encausado va a admitir los hechos parcialmente, porque ahora -y no antes-, dice que el tiro fue fortuito. Con estos argumentos, la Fiscalía rechazó la atenuante de confesión. No obstante, la acusación pública sí contempló la atenuante de reparación del año, aunque advirtió que la cantidad solicitada en concepto de responsabilidad civil es mucho mayor, en torno a los 450.000 euros, que la abonada.
Ni el Ministerio Fiscal ni la Junta de Andalucía ni la familia de Eva valoraron que la atenuante de drogadicción sea aplicable en esta causa. Al respecto, el abogado de la acusación particular manifestó que J.C. estaba "consciente, colaborador y orientado" después del crimen, tal y como refleja un parte de Urgencias del hospital de El Puerto de Santa María donde fue asistido. "Sabía lo que hacía", remató el abogado de los familiares.
"Si lo llego a saber..."
Durante la primera sesión del juicio con jurado celebrada en la Audiencia de Cádiz por el crimen de Eva Aza, declaró como testigo Gatica, el amigo que estuvo con la pareja el 8 de enero de 2023. El hombre explicó que Eva y J.C. eran novios y, en contra de lo expuesto por la defensa, aseveró que "tenían planes para irse a vivir juntos".
Esa noche, testificó, salieron de copas los tres juntos hasta las dos de la madrugada, hora en la que decidieron trasladarse al piso de J.C. en Valdelagrana. Una vez allí, siguieron bebiendo y consumiendo cocaína. Según el relato de Gatica, se inició una discusión "de unos 10 o 15 segundos" en la que lo acusaron de haber robado parte de la droga. "Como no se fiaban de mí, me fui", declaró.
Gatica dijo que no escuchó gritos ni amenazas, que no vio ningún revólver y que tampoco escuchó disparos, precisamente, porque ya se había ido del domicilio. "Si lo llego a saber, cojo a mi amiga y me la llevo".
A preguntas de las acusaciones, el testigo aseveró que Eva lo llamó por teléfono al poco de marcharse y que no le dio tiempo a descolgar. Después, lo llamó el acusado pidiéndole que avisara a la Policía y así lo hizo. Supo que su amiga había muerto a la mañana siguiente, cuando los agentes los buscaron en su casa.
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