Y Kid Betún volvió a coger la caja de limpiabotas
El retiro del hombre que durante décadas ha formado parte del paisaje de Cádiz
El viejo boxeador se pasea por la residencia de ancianos Lago de Arcos con su inseparable caja con los betunes y los cepillos que le hicieron célebre en Cádiz durante décadas. Se escucha a su espalda, desde una habitación, la voz de una residente que ya intuye el movimiento del trajín de los terapeutas: "Todo el mundo va y yo no voy a ningún sitio". En otra habitación que dejan atrás los pasos que se arrastran de Kid hay multitud de fotos familiares, todo un mural, y luce en un estante una barbie vestida como una anciana. Es la habitación de María, la mujer que ingresó aquí con 42 años, aquejada de la maldición familiar de la ataxia de Friedrich, una rara enfermedad neurodegenerativa. Vino con sus padres, ahora sólo queda ella. Tiene 56 años, muchas fotos del pasado y una barbie vestida de anciana.
Kid no sabe nada de la ataxia de Friedrich, no se relaciona mucho con el resto de los residentes, pero sí con el personal, al que trata de camelar para limpiar los zapatos o para venderles guirnaldas. Un coche del Ayuntamiento trajo a Kid a esta residencia. Un caso de emergencia social. Se le podía ver por Cádiz hace más de un año con heridas en el rostro, algo tambaleante, pidiendo limosna porque ya no tenía nada que vender. En su casa se había desencadenado un caos que él explica de manera confusa, pero del que queda claro que él era el perdedor. Ahora, el viejo boxeador, Kid Betún, parece haber rejuvenecido.
"¿Viene alguien a verte?" "No, pero dígale a Pelayo, el del bar Terraza, que me ha visto y que estoy bien, aunque yo quisiera que me llevaran un día a Cádiz porque echo de menos a la gente... Yo me ganaba bien la vida vendiendo las patatas en la playa y los pirulíes en Semana Santa... y con mi caja. Me pusieron de inspector de playas, mire (saca un puñado de carnés de vendedor ambulante en los que se ve su evolución desde cierta juventud al deterioro). A los 12 años le quité a mi padre la caja y sólo la soltaba para pelear, mi primera pelea, cómo nos zurramos, pero yo le gané al otro y una vez peleé por el campeonato de Andalucía, qué pelea". (Saca de su otro inseparable instrumento de trabajo, la cesta, una grapadora, gafas, un abanico, hilo, celofán... enseña unas bolsas de confeti, collares fabricados con papeles de colores). "Lo hago yo, los vendo, siempre estoy haciendo algo porque siempre he trabajado y si me llevaran a Cádiz podría vender avellanas, ¿no? Lo que pasa es que antes de venir ya no se pagaba el alquiler de la casa de mi madre, que se murió. La casa de Guillén Moreno. Ocho meses sin pagar el alquiler, me quitaban el dinero esa gente..."
Sobre la mesa de la cafetería de la residencia pone el libro que escribieron sobre él, el libro de su vida. Lo deja ahí como si cualquier cosa, pone su gesto de defensa de boxeador como bromeando, su tradicional gesto. "También me hicieron una película", añade.
Explica el personal de Lago de Arcos que Kid se defiende bien en la rutina, que no es de discutir. "En Cádiz se descontrola". Kid Betún pasea su caja de limpiabotas por los jardines, un lago a su lado y una gran peña al fondo.
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