Halcones del mar
seguridad | la lucha contra los delitos en la franja costera
El Servicio Marítimo de la Guardia Civil vigila el narcotráfico, la pesca furtiva o la inmigración ilegal desde Zahara de los Atunes hasta Sevilla
'Diario de Cádiz' les acompaña en una patrulla
La bajamar ha destapado el Caño de Sancti Petri. Un pequeño brazo de mar se abre paso a duras penas entre las arenas de Chiclana y San Fernando. Decenas de pequeñas embarcaciones han quedado varadas y otras se agarran a sus pantalanes con angustia. Es uno de los efectos de la superluna, que ha provocado unas mareas tan grandes como espectaculares. La patrullera Río Agueda del Servicio Marítimo de la Guardia Civil avanza despacio en busca del mar abierto. Las expertas manos del capitán Félix la dirige con delicadeza mientras el resto de la tripulación mira atenta el panel de control, que -entre otras mediciones- apunta la profundidad. Tres metros, dos, uno... el fondo arenoso está cada vez más cerca. El mar cambia de color. Pero no hay peligro de que las hélices toquen la arena sencillamente porque la patrullera no lleva motores sino que navega a propulsión jet, a chorros, como las motos de agua. Un metro, dos, seis, nueve... 15. En unos segundos se salva un escalón que cuando el mar se pone bravo levanta olas frontales que complican la salida de las embarcaciones de Sancti Petri.
La Río Agueda, una patrullera media de navegación sostenida, tiene su base en Puntales, pero, en ocasiones, como hoy, hace el relevo en Sancti Petri para ganar tiempo. Porque hoy ha habido suerte. Ha pescado una goma de siete metros de eslora con 2.102 kilos de hachís. El helicóptero de apoyo de la Benemérita lo marcó entrando por los caños y se inició la persecución.
Es un buen barco, más pensado para patrullar con mala mar que para jugar al gato y al ratón con los narcos, pero puestos a intimidar lo hace como ninguna por sus grandes dimensiones. Además lleva una zodiac que sí que se encabrita y salta las olas como cualquiera. Así que a las siete de la mañana los narcos reconocieron con la deportividad de siempre su derrota e hicieron encallar su lancha de siete metros en el fango de la orilla chiclanera. Justo detrás de la gasolinera Cepsa que se sitúa en la carretera de La Barrosa.
En su huida han lanzado al mar un motor de mayor potencia y han avanzado con uno más pequeño, de 25 caballos. Poca cosa para lo que están acostumbrados. Abandonan la semirrígida cargada con la droga y emprenden una huida que no les lleva muy lejos porque los agentes de la Pafif del puesto de Chiclana los buscan por tierra, mar y aire. Dos chiclaneros y un marroquí son detenidos y una cuarta persona es investigada. Se incauta además una furgoneta Volkswagen Transporter con matrículas falsas robada en 2012 en Fuengirola. No hay resistencia. Nadie se pone farruquito. 2.102 kilos de hachís. Tres años de cárcel. Cuatro a lo sumo. En un par de ellos tendrán el tercer grado.
Los guardias se quedan esperando junto a la goma que suba la marea para poder remolcarla hasta la patrullera que la llevará hasta la base de Puntales, donde quedará confiscada. Hasta la una y media de la tarde el agua no besa suavemente la goma y la libera del fango chiclanero.
La tripulación cambia, pero la Río Agueda prosigue patrullando el mar, como un incansable halcón vigilante. Su tripulación, el capitán Félix y guardias como Juan o Manolo, tienen una tarea agotadora: recorrer la costa desde Zahara de los Atunes hasta Sevilla. Hoy ha sido una goma en Chiclana, pero la noche antes fue una embarcación que entró por Bajo Guía y a la que persiguieron con la embarcación auxiliar hasta Isla Mayor. Desde Sanlúcar hasta Sevilla hay 40 millas náuticas, unos 70 kilómetros. Es la autopista del hachís por donde entra la droga a Europa. Y ese tráfico nunca descansa. "Cuando hay más cosechas en Marruecos suele haber más movimiento, pero aquí hay faena todo el año", dice el capitán Félix mientras patronea el barco. Porque el negocio es suculento. Por cada kilo de hachís los dueños de la droga pueden sacar 1.200 euros limpios. Si metes un alijo de 2.100 kilos, como el que cayó este miércoles, cuando nos embarcamos con la Guardia Civil para patrullar la costa gaditana, hablamos de más de 2,5 millones de euros de ganancia.
Pero el Servicio Marítimo de la Guardia Civil no sólo se dedica a vigilar el narcotráfico. También controla la pesca ilegal, la inmigración o los pecios con restos de valor que se difuminan por toda la Bahía. A las puertas de la campaña de Navidad hay un incremento en el control de pesca y retirada de artes ilegales. "Sobre todo buscan pulpos, pero también retiramos muchas nasas para coger marisco. Requisamos trasmallos ilegales o palangres. Noviembre es época de veda para los barcos de arrastre, así que tenemos que vigilar que no faenen de manera ilegal", cuenta el capitán Félix.
Sí ha notado la Guardia Civil un descenso en la fiebre por capturar pepinos de mar, las holoturias que se esquilmaban por kilos de las aguas gaditanas. "Los chinos pagaban bastante porque pensaban que se trataba de la misma especie que la que ellos tienen en sus aguas y que parece ser que tiene muchas propiedades. Ahora se han dado cuenta que no son iguales, así que se acabó el negocio. Nosotros, en lo que llevamos de año, hemos incautado unos 500 kilos de holoturias, 1.750 unidades exactamente, que hemos devuelto al mar", relata el capitán.
Mientras la patrullera avanza hacia las calas de Roche, Juan, con sus prismáticos, divisa un par de embarcaciones faenando. "Vamos a ver si está todo en orden", dice. El capitán aprieta y la Río Agueda se pone a navegar a casi 30 nudos dejando tras de sí una estela de espuma. Hay buena mar y en dos minutos se abarloa al pequeño barco ocupado por dos pescadores. Si la Guardia Civil impone en tierra, en mar, a bordo de una patrullera de gran tamaño, no lo hace menos. Sobre la cubierta del pesquero se desparraman las capturas. No ha sido un día excelente pero algo dejará. Es duro trabajar en el mar. "Pagan permisos y seguros por faenar todo el año, pero hay muchos días que no pueden salir por las condiciones del mar. Es duro. Creo que pescador y minero son dos de los trabajos más duros que existen", reflexiona en voz alta Manolo, otro de los miembros de la tripulación.
Los pescadores lo tienen todo en regla. Ellos también sufren a los furtivos, a los que faenan de manera ilegal, haciendo una competencia desleal que a veces llega a ser hasta peligrosa. El capitán Félix les devuelve los papeles y les desea buena marea. Tras separarse y continuar con la patrulla nos cuenta la situación que los pescadores no se atreven a confesar. "Nosotros vigilamos, aunque hay veces que si ellos no llaman al 062 y nos alertan es imposible detectarlos. La mayoría tiene miedo. En ocasiones los furtivos les amenazan, les dicen que les van a quemar los barcos si nos llaman, si no tienen la boca cerrada". Y se impone el silencio. Un silencio que perjudica a las reservas marinas pero también a aquellos pescadores que cumplen con la legalidad. "Cuando los cogemos siempre cuentan las misma historia: que tienen varios hijos, que están parados, que algo deben hacer para buscarse la vida, para llevar comida a sus casas. En muchos casos es verdad, pero en otros están cobrando el paro y salen a faenar igualmente de manera ilegal.", nos dicen los guardias. Y eso que las sanciones de la Junta de Andalucía o Capitanía Marítima son fuertes. Van de los 60 a los 60.000 euros, es decir, que no son ninguna tontería.
La Río Agueda también se ocupa de controlar a barcos como los de la compañía de cazatesoros Odyssey, que descubrió el impresionante pecio de la fragata Mercedes. "Tienen permisos del ministerio, pero nuestro trabajo es estar pendientes", nos cuentan. Y en sus muchas horas de patrullas por las aguas gaditanas han visto de todo. Manolo recuerda que en sus inicios en Cádiz, durante una vigilancia, vio como un buzo sacaba de una zona cercana a la Casería, en San Fernando, un ánfora púnica perfectamente conservada. "¿Cuánto vale eso? Pues un dineral". Y nos enseña un mapa donde vienen detallados los puntos donde se encuentran algunos de los más importantes yacimientos arqueológicos submarinos que conocen, pequeños puntitos negros que los tesoros que esconden nuestros mares.
El segundo barco divisado a lo lejos también es alcanzado en poco tiempo por la patrullera. Sus tripulantes están terminando de faenar y empiezan a levantar las redes con el molinete. La Río Agueda también cuenta con uno. "Subir las redes a manos es un esfuerzo brutal, y esto nos ayuda mucho, como a los marineros también". Esperamos a una distancia prudencial para evitar dañar las redes, aunque en este caso ni siquiera es necesario pedirles la documentación. "Son de Conil. Los conocemos ya", nos dice el capitán. Los pescadores no han tenido un buen día. Ha saltado el poniente y no han encontrado ningún banco de peces que llevarse a las redes. Otra embarcación conileña que salió con ellos a faenar se volvió hace un par de horas y ellos lamentan no haberlos imitado. "Ha sido una pechá pa na", dicen desde el barco a modo de despedida.
Las jornadas de trabajo de los integrantes del Servicio Marítimo son muy especiales, de 24 horas seguidas, y luego descansan un par de días. Porque es mucho tiempo sin un momento de relajación, recorriendo la costa y atento a todo. Incluido también el grave problema de la inmigración ilegal, de las mafias que no trafican con hachís sino con seres humanos. Los agentes han participado en varias operaciones de salvamento, han salvado vidas, han agarrado manos que se hundían tras un naufragio a pocos metros de la costa. En zonas como la costa de Chiclana a los Caños de Meca, con fondos rocosos y rompientes que se sitúan a pocos metros de la playa, también puede uno ahogarse. "Vienen de noche, no conocen la costa, y a veces se empotran contra las rocas y se ahogan en apenas dos metros de agua. Así sucedió en la tragedia de Rota de hace unos años por ejemplo", recuerda con tristeza el capitán Félix.
En los últimos tiempos la Guardia Civil está advirtiendo que las grandes pateras han dejado paso a embarcaciones con menos tripulantes, aunque siguen llegando. "Esas no salen de Ceuta sino de más al sur de Marruecos, y vienen navegando jugándose la vida para llegar a Europa".
En lo que va de año, el Servicio Marítimo acumula ya más de 10.000 horas de navegación, ha realizado 513 denuncias, 52 de ellas a pesqueros, ha intervenido 107 artes de pesca, una decena de cargamentos con pescado ilegal, que si está vivo ha sido devuelto al mar, caso sobre todo del marisco, y en caso contrario se reparte entre diferentes centros de beneficiencia que van rotando. Ha intervenido 146 pesqueros y realizado 629 inspecciones, 22 servicios humanitarios, con 32 personas auxiliadas y 12 rescatadas cuando sus vidas corrían serio peligro. En cuanto a la droga, ha decomisado 9.874 kilos de hachís y se ha incautado de 14 embarcaciones.
Sobre las dos de la tarde la Río Agueda vuelve al muelle de Sancti Petri y sus ocupantes esperan que la tripulación que ha salido en coche de Puntales les dé el relevo. Así acaba una dura jornada de trabajo. Una más en la que estos halcones del mar están ojo avizor para que no se les escape nada. Son muchas millas náuticas las que tienen que controlar y muchas actividades ilícitas las que impedir. Porque Cádiz es la frontera sur de Europa, y nadie dijo que la vida en la frontera fuera fácil.
Una lucha desigual contra los grandes traficantes
El Servicio Marítimo de la Guardia Civil de Cádiz cuenta con dos patrulleras y tres lanchas semirrígidas. Con ellas planta batalla a los cárteles de la droga que introducen ingentes cantidades de hachís por el sur de Europa. Aunque las cifras de los índices de criminalidad del Ministerio del Interior hablan de un descenso en el narcotráfico, lo cierto es que este delito es muy especial porque sólo puede contabilizarse cuando se captura un alijo. Hablar de un descenso del tráfico de hachís es casi una fantasía. Y además los narcos cuentan con lanchas más rápidas, no tienen problema en abandonar motores, en lanzar alijos por la borda, en pagar 30.000 euros a un buen piloto de una goma para que llegue a Europa sorteando obstáculos. A veces entran al Golfo de Cádiz desde el norte, por la costa onubense, buscando el Bajo Guadalquivir pero evitando una mayor vigilancia. Y el hachís, que deja mucho dinero en la provincia, se ha convertido en un modo de vida para muchas personas, que aceptan que pasar unos años en la cárcel es parte del juego.
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