La evolución de la pandemia en la provincia gaditana Coronavirus en Cádiz: Confinados al aire libre

  • Ellos no aplauden a las ocho de la tarde desde un balcón o desde una ventana. Lo hacen mejor desde un patio, debajo de un árbol, en sus huertos o rodeados de sus animales. Así es el confinamiento al aire libre en las pedanías de Vejer

Quien nunca ha estado en ese lugar, no se lo espera. Pero subiendo la loma de Patría, justo al dar media vuelta se encuentra uno con un paisaje único. Porque mirando al suroeste encuentras a tu izquierda, ahí arriba, la silueta imponente de Vejer, siempre ejerciendo de fiel centinela. Y a la derecha, ahí abajo, Conil parece dispuesto a recibirnos con los brazos abiertos. Y tras él la inmensidad del Atlántico. El panorama se paladea en un ambiente de mucha calma. Hemos pasado por delante de una finca con un nombre muy peculiar, Manolo el Lechero, y un poco más adelante, mientras buscamos ya el camino de vuelta a La Muela, nos encontramos con un caballo suelto pastando tan campante, con perros que se asoman a las puertas de su finca sin alterarse lo más mínimo, con una mujer que echa la basura a destiempo, con niños jugando en el patio de sus chalés... El confinamiento aquí a causa del coronavirus es muy distinto al de las grandes ciudades, como sucede en cada una de las 22 pedanías que suma el término municipal de Vejer, que tiene en su extenso diseminado un laberinto que merece la pena ir descubriendo poco a poco.

"No me imagino lo que tienen que estar pasando algunas personas en la ciudad, porque estar metido en un piso de 40 ó 50 metros cuadrados debe tener mucha guasa". Luis Mariano Morales, el presidente de la asociación de vecinos de Naveros, no se cambia por ningún urbanita. Entre darle de comer a su ganado vacuno, que lo tiene a poco más de un kilómetro de su casa, y cuidar sus plantaciones de girasol, entre otros muchos quehaceres, está distraído. Y cuenta que en esta pedanía vejeriega en la que conviven entre 400 y 500 personas el ambiente actual es de normalidad. "La gente aquí está tranquila. Se han fumigado las calles con maquinaria agrícola, no ha habido ningún caso de contagio y el único problema es que ahora, a diferencia de lo que sucedía antes, tenemos un contacto mínimo o nulo entre los vecinos", añade este representante vecinal.

Pero el mejor ejemplo de falta de contacto personal entre vecinos lo encontramos en Santa Lucía, quizás la pedanía vejeriega que más está sonando fuera de este municipio en los últimos años. Porque en el diseminado de Vejer la capitanía la ha ostentado siempre El Palmar, también creció mucho en su momento La Muela, se habla bastante de La Barca y de sus desayunos, pero mucho menos se conoce El Soto, Nájara, el Poblado de Varelo, El Cañal, Manzanete, Libreros, Naveros, Patría, La Ribera de la Oliva, Los Parralejos, etc. En este último pelotón estaba Santa Lucía, hasta que se unieron la carne sublime de La Castillería, los huevos fritos únicos de la Venta el Toro, la belleza de su cascada de agua y la naturaleza de su ruta de los molinos. Hoy casi todo el mundo ha pasado ya por Santa Lucía.

Pues en este enclave de Vejer uno de sus vecinos no aguantó más tanto confinamiento y fabricó una pancarta que colocó en el templete que hay al lado de la iglesia. Aguantada con dos piedras que ejercen de contrapeso se puede leer un emotivo 'Os echo de menos'.

La máxima representante vecinal de esta pedanía, María Oliva Varo, explica esta reacción por el hecho de que en Santa Lucía todos los vecinos conforman una piña. "Aquí hay censadas unas 160 personas, nos llevamos bien y ahora echamos de menos nuestras reuniones", explica.

En todo el diseminado de Vejer hay segundas residencias, claro, pero son las menos. Normalmente todo el mundo tiene en estas pedanías su única vivienda. A María Oliva Varo le pasa esto último, salvo con la diferencia de que comparte su finca con dos familiares suyos, cada uno con casa propia. "Cuidamos nuestras gallinas y nuestras flores, nos surtimos en gran medida de lo que dan nuestros huertos, los niños pueden coger la bicicleta sin salir aquí a la carretera, nos sentamos en el patio... yo no cambio esto por nada", sentencia antes de lamentar, eso sí, que, debido al estado de alarma actual, lleva semanas sin poder darle una vuelta al huerto que tiene en Zahora.

Por Santa Lucía el único que suele aparecer a diario es el panadero, que le vende a aquellos vecinos que no se fabrican su propio pan. Visitas como estas las agradece José Antonio Alba, que vive al lado de la hoy cerrada Venta El Toro, donde trabaja. "Estar aquí es un lujo pero también da pena que llegue un domingo y no se escuche en Santa Lucía el trasiego tremendo de gente. Por eso ahora cada vez que escucho el ruido de un coche me levanto corriendo y salgo a ver quién es", confiesa entre risas.

Como casi todos los vecinos de Santa Lucía, José Antonio Alba va una vez a la semana a Vejer a comprar provisiones en el supermercado "pero uno va asustado, como si estuviera haciendo algo malo; sólo quiero terminar cuanto antes para volver a casa".

Los vecinos de Santa Lucía eligen subir a Vejer para hacer sus compras; los de Naveros optan a veces por trasladarse a Media Sidonia o a Chiclana; y los de La Muela, por una cuestión de cercanía, enfilan preferentemente el camino hacia Conil cuando de llenar la despensa se trata.

Tras la reja de su chalé, Josefa Valdés, de 72 años, reconoce que un poco de miedo sí ha tenido con esto del coronavirus, pero agradece de manera especial la ayuda mutua que se están prestando los vecinos de esta pedanía. Dos de sus vecinas, Luisa Serván y Montse Barrios, conversan con ella un momento para ver si necesita algo, siempre manteniendo la distancia de seguridad. La última de ella ha invertido buena parte de su tiempo en confeccionar mascarillas y gorros sanitarios que ha ido repartiendo por toda La Muela.

En este enclave tranquilo, donde la ausencia de gente en su pizzería tan emblemática llama la atención, los vecinos piden a la Policía Local que mande coches patrullas a la hora de los aplausos. "Claro que aplaudimos, todas las tardes, pero sólo escuchamos en la lejanía alguna ambulancia que está en el hospital de Vejer", aclara Josefa Valdés.

Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado sí han patrullado por esta pedanía vejeriega, pero a otras horas. Y les ha dado por multar. En La Muela cuentan que a un vecino le sancionaron por ponerse a pintar el muro exterior de su finca en pleno confinamiento. Y en Santa Lucía pillaron a dos chavales que habían salido de su casa a fumarse un pitillo. En todas partes nos vigilan.

Con la primavera ya plenamente asentada toca ir mirando al futuro, al verano. Y eso es lo que hace constantemente Isabel del Cuvillo, propietaria de un alojamiento rural de cinco habitaciones y de una tienda de productos artesanales que hay en Santa Lucía. No ha tenido que despedir a nadie porque ella sola se vale para llevar ambos negocios, pero no ve claro cómo será el mañana cuando pueda reabrir sus puertas. "Tendremos que invertir en seguridad, en mascarillas, en guantes, en mantener las distancias, etc. y nos imaginamos para este verano un turismo nacional más familiar y con más ganas de disfrutar la naturaleza. Pero ya veremos si logramos salvar el verano", reflexiona Isabel mientras ordena las hortalizas y frutas que ella misma cultiva y que tiene a la venta. A sus pies Bruno, un perro de agua inquieto pero dócil nos mira cuando nos marchamos. Y con un movimiento de cabeza parece decirnos: "Vendrán tiempos mejores".

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