Cádiz, la aldea irreductible del 'otro' PSOE
Reforzado ahora con la figura de Chaves y con Cabaña como primer espadachín, el 'pizarrismo' resiste en la provincia a la espera de que los congresos internos del año que viene le permitan iniciar la reconquista
En todos los capítulos de los cómics de Astérix hay una misma línea argumental: nunca hay personajes malos y el protagonista principal y su inseparable Obélix abandonan siempre sin ganas su aldea de la Galia para combatir a los romanos con la única misión de conseguir que nada cambie en el pequeño reducto que se le resiste a Julio César y a su Imperio.
Cualquier parecido entre los guiones de Uderzo y la realidad actual del PSOE es pura coincidencia... o no, porque la provincia de Cádiz cada día se parece más a ese territorio apartado en el que la dirección regional del partido y las tropas comandadas por Griñán intentan, hasta ahora sin éxito, implantar sus teorías.
Para combatir estas nuevas ideas, Cabaña, como Astérix, tiene siempre el mismo recurso, el de la pócima mágica del pizarrismo que le aporta el druida Luis Pizarro, indiscutible referente de lo que queda del clan de Alcalá. A Federico Pérez Peralta, vicesecretario provincial del PSOE y brazo derecho de Cabaña, no le permiten tomar más pócimas mágicas porque ya se atiborró de estos principios ideológicos cuando debutó en política a mediados de los ochenta como concejal en el Ayuntamiento de Cádiz.
La última batalla a la que ha tenido que hacer frente el tándem Cabaña-Peralta ha sido con las listas al Congreso. El PSOE-A ha intentado hasta última hora desbancar de esa candidatura al primer espadachín del último reducto del socialismo andaluz anterior para situar en su puesto a alguien de su confianza como es Juan Cornejo. Pero ha fracasado en su intento, porque no contaba con los refuerzos aliados llegados a la sede de San Antonio de Cádiz desde Ferraz. Y todo eso ante el silencio exquisito de Manuel Chaves, erigido en el nuevo jefe de la aldea pero que ha optado por no involucrarse en estas disputas.
La aldea del PSOE gaditano ganó ayer una batalla más –también ha perdido otras, y ahí está el cese de Gabriel Almagro y la dimisión de Pizarro dos meses antes de las municipales– pero nadie sabe si ganará aún la guerra. En el horizonte quedan aún muchos duelos y mucha estrategia militar por desplegar. Y por eso los socialistas neutrales temen que lo peor esté aún por llegar.
Cierto es que el emperador Griñán también tiene fieles a su causa dentro de la aldea del PSOE de Cádiz, los mismos que suman varios meses reprochando a Cabaña que no esté integrando a todas las corrientes y, sobre todo, culpándole de la derrota electoral de mayo y de la pérdida de la Diputación tras 32 años en el poder. Esos críticos no son pocos. Es más, puede que sean muchos, pero mientras no se demuestre lo contrario, siguen siendo minoría en el conjunto del PSOE gaditano. Además, y puede que ahí haya estado el error de la dirección regional del partido, desde que hace dos años y medio se iniciaran estas batallas en el famoso congreso regional de la espantada de Cabaña, Griñán no ha querido aún señalar a uno de sus dirigentes como su apuesta de futuro para la provincia. Ahí están, al frente de sus legiones, Menacho, Cornejo, José Luis Blanco, Jiménez Barrios, Irene García, López Gil... pero a ninguno ha querido darle más rango que a otros.
La identidad del elegido por Griñán llegará a mediados del año que viene, cuando empiece a cocinarse el congreso provincial del relevo de Cabaña, que tendrá que jubilarse como secretario general del PSOE de Cádiz. Pero hasta que llegue esa cita queda aún mucha tela por cortar.
El escrutinio del 20-N dirá en primer lugar si Rubalcaba será el futuro secretario general del partido o si se precipita la convocatoria de un congreso federal extraordinario para elegir nueva cúpula. De producirse esta segunda opción, y si ese cónclave tiene lugar antes de las elecciones andaluzas, Griñán acudirá al mismo prácticamente como el único barón de todo el socialismo español, con opciones serias de ganar mucha cuota de poder en Ferraz.
Pero la gran prueba de fuego de Griñán llegará con las elecciones andaluzas de marzo. Antes habrá otra lucha interna para decidir si el cabeza de lista por Cádiz al Parlamento andaluz es Luis Pizarro o Francisco Menacho. Pero su futuro como secretario general del PSOE-A pasa inexcusablemente por el mantenimiento de la Presidencia de la Junta, con o sin ayuda de IU. Si es Arenas quien finalmente ocupa ese puesto, el griñanismo tendrá las horas contadas y la aldea del PSOE de Cádiz tendrá ya las puertas abiertas para iniciar la reconquista.
Mientras, allende las fronteras del Imperio, el PP contempla atónito cómo su rival se debilita con tantas batallas internas. Seguro que Arenas ya ha murmurado eso de “¡Están locos estos romanos!”.
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