En El Puerto miman la arena: La guardería de las dunas
Se cumplen los primeros seis años de paciencia y constancia para transformar pedregales aledaños a las playas en espacios que favorecen aves e insectos autóctonos
El chorlitejo patinegro, una pequeña especie protegida que seguro que has visto corretear por las playas de Cádiz
Hubo que pedirle permiso al viento y esperar a que la lluvia descansara un día para acercarse al borde de la playa. Ocurrió en medio de una ventana de oportunidad entre las borrascas y los aguaceros de este gélido invierno que ataca a Andalucía con la saña de un amante ofendido; pero se logró llegar para salvarlas.
Alrededor de 50 voluntarios de Cruz Roja y de otras organizaciones, invitados por la Sociedad Cooperativa de Trabajo Ecoherencia, estuvieron a punto con picos, palas, azadas y mucha energía para salvarlas.
En la reciente jornada del sábado 31 de enero se trabajaron 20 metros más para alcanzar los primeros 120 metros de extensión en los que se adelantaron las construcciones de los captadores de arena, unas verdaderas incubadoras para la protección de las dunas de arena de la playa de Levante de El Puerto.
Con este fin, cuatro grupos de personas debían hacer zanjas de alrededor de cuatro metros de largo por 40 centímetros de ancho. A una profundidad de 60 centímetros, con la ayuda de un dispositivo acomodador, debían ponerse una serie de varillas de bambú natural de 180 centímetros que se entierran formando una pared que se opone a la fuerza de los vientos. La distancia mínima entre los captadores debe ser de siete metros para que cada duna que nazca de allí crezca sin problemas.
La estructura armada, que permite el paso del aire y la luz, logra su objetivo porque a las arenas que vuelan y se dispersan con la fuerza del aire son retenidas por las varillas de bambú y caen al suelo formando un montículo que paulatinamente va transformándose en una duna.
La idea central, explicó Ainhoa Cobos, de Ecoherencia, es formar un cordón de dunas para reducir el avance del mar en el Parque de Los Toruños, como uno de los sujetos de cuidado. Desde 2019 se está realizando este trabajo por parte de los voluntarios ambientales. El sector que se está interviniendo en esta zona desde 2019 corresponde hasta ahora a 100 metros lineales paralelos a la playa salvaje que colinda con el parque y es la continuación de la de Valdelagrana.
La intención es lograr que se forme una duna incipiente y luego, como en toda recuperación ambiental, se le da la oportunidad a la naturaleza para que haga su trabajo.
El sector en el que se trabaja actualmente, inmediatamente después del paseo marítimo de la playa de Valdelagrana, comenzó siendo un verdadero pedregal. Ahí fue donde las organizaciones iniciaron su trabajo para favorecer este ambiente natural que sobrevive a pesar de la dureza del clima.
La importancia de las dunas en este sector del parque es lograr que las semillas de plantas autóctonas de estos climas puedan nacer en las arenas y así puedan anidar allí aves como el charrancito o el chorlitejo patinegro. Al crecer las plantas, les dan sostén a las arenas y el viento, la mar o las lluvias no se las llevan.
Cobos explicó que las dunas son de tres tipos. Las embrionarias, que inicialmente se forman naturalmente en las playas y son pequeñas. Su importancia radica en que allí se empiezan a acumular las arenas y algunas plántulas logran nacer.
Al concentrarse, el viento va desplazando arenas hacia las dunas primarias, donde los montículos son más evidentes y comienzan a ser nichos de biodiversidad porque las plantas ya crecen en un ambiente más adecuado. Por último, se encuentran las dunas secundarias, que ya son las pequeñas colinas que se encuentran en los parques y cuya acción es servir de verdaderos frenos contra los temporales, porque evitan que el suelo sea arrancado por la fuerza de los vientos.
Poner captadores de dunas y dejar que la naturaleza haga su trabajo es una labor de paciencia y constancia porque acciones como pisarlas puede dañarlas al comprimir la arena y la idea es que la acción natural cumpla su función y la arena se distribuya bien.
Este trabajo exhaustivo que realizan entes como Ecoherencia y Cruz Roja debe realizarse teniendo en cuenta los ritmos de cada uno de los actores naturales de la región, como las estaciones, las épocas de anidamiento de las aves, la fuerza y dirección de los vientos y las borrascas, que con frecuencia llegan en los inviernos de la Bahía de Cádiz a cambiar la vida de personas y playas.
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