Comienzan las obras de ajardinamiento del paseo Antonio Ariza en El Puerto
El desbroce de la vegetación existente ha levantado algunas críticas por parte de los usuarios que frecuentan la zona
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Esta semana han comenzado los movimientos de tierra en el paseo Antonio Ariza, entre las playas de La Muralla y La Calita, con motivo del proyecto de recuperación paisajística de la zona, una actuación estratégica incluida en el Plan de Sostenibilidad Turística en Destino (PSTD) 'El Puerto de Santa María, Costa Oeste', enmarcada a su vez en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, financiado por la Unión Europea – NextGenerationEU.
Los trabajos han comenzado con el desbroce de la vegetación existente en la zona, compuesto por retamas, lentiscos y vegetación autóctona, con un importante valor paisajístico y lleno de vida silvestre. Muchos de los paseantes habituales de la zona e preguntaban etos días también por la preservación del camaleón, una especie protegida predente en la zona, tras la entrada en acción de las excavadoras, que han arrancado las especies existentes sin contemplaciones. Incluso se ha arrancado una gran higuera que había en el paseo, que daba sombra y frutos todos los años.
Un espacio "moderno y sostenible"
El pasado mes de agosto el alcalde portuense, Germán Beardo, justificaba las obras asegurando que "con este proyecto recuperaremos un lugar histórico y lo transformamos en un espacio moderno, sostenible y atractivo, a la altura de lo que vecinos y visitantes merecen".
El paseo se ubica en el suroeste de la ciudad, entre las urbanizaciones de Vistahermosa (El Buzo) y Fuerte Ciudad, delimitado por el perfil litoral de las playas de La Muralla y La Calita. Mediante estas obras se actuará en tres zonas diferenciadas: la calle Bergantín en la zona de aparcamientos, el paseo hasta el Castillo de Santa Catalina y el acceso desde la calle Fuerte Ciudad.
Paralelamente, el proyecto se complementará con otra de las actuaciones recogidas en el Plan de Sostenibilidad Turística en Destino: el suministro e instalación de pérgolas bioclimáticas en la Costa Oeste.
El paseo Antonio Ariza Cañadilla discurre junto a las murallas del antiguo Fuerte de Santa Catalina, declarado Bien de Interés Cultural (BIC), que formaba parte del sistema defensivo costero. Construido en tiempos de Felipe II como baluarte capaz de albergar artillería, sucedía a una torre anterior ordenada levantar por Carlos, con el fin de servir de defensa en la bahía. Su misión era proteger la Bahía mediante fuego cruzado con la fortaleza de la Punta de San Felipe en Cádiz. A lo largo de los siglos sufrió diversas modificaciones y ataques, destacando el de 1702 durante la Guerra de Sucesión. Finalmente, en 1810 fue parcialmente demolido para evitar su uso por las tropas francesas en la Guerra de Independencia y el asedio a Cádiz. Tenía forma de pentágono irregular y estuvo en servicio hasta mediados del siglo XIX.
El proyecto incluye la preparación del terreno y una red de riego para garantizar el arraigo de nuevas especies vegetales, la plantación de árboles y vegetación mediterránea adaptada al entorno costero, la instalación de pérgolas bioclimáticas que aporten sombra en las áreas de descanso, así como la colocación de mobiliario urbano y elementos ornamentales, entre ellos réplicas de cañones del siglo XVII que evocan la historia defensiva del enclave. Además, se instalarán monolitos conmemorativos en honor a Antonio Ariza Cañadilla, en reconocimiento a su trayectoria personal y su legado en la vida bodeguera, ecuestre y filantrópica de la ciudad.
La obra cuenta con un presupuesto base de licitación de 338.929,65 euros, financiados al 100% con fondos europeos NextGenerationEU a través del Plan de Modernización y Competitividad del sector turístico. El plazo previsto de ejecución es de seis meses.
¿Quién fue Antonio Ariza?
El paseo lleva el nombre de Antonio Ariza Cañadilla, portuense nacido en 1921 y estrechamente vinculado al mundo bodeguero del Marco de Jerez. A través de un proyecto de la casa Domecq consiguió establecer puentes comerciales con México, país en el que fijó su residencia hasta su fallecimiento. Fue un hombre de profundas inquietudes filantrópicas, participando en la creación de la Fundación Mexicana para las Enfermedades Hepáticas, y tuvo un papel clave en la creación de la raza de caballos Azteca, fruto del cruce entre el Pura Raza Español y el caballo Cuarto de Milla, especialmente valorado en la charrería y la doma mexicana.
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