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El comercio empieza a repuntar en el centro gracias a las nuevas ideas

Casco histórico

A pesar de los cierres, un grupo de negocios resiste en el casco antiguo

Las negociaciones con los propietarios de los locales, la agilidad administrativa y la innovación son puntos claves

En menos de diez días La Perdiz ha vuelto a abrir. Su actual propietario se propone traer a este lugar tradicional nuevas ideas y conceptos de negocio. / Andrés Mora
Mila Alarcón

16 de diciembre 2018 - 05:00

Todo tiene su parte buena y su parte mala y la mayoría de las veces, aunque se intenta evitar todo lo que produce negatividad, lo malo nos ayuda a apreciar todo lo bueno que se encuentra al otro lado. Algo similar es lo que está ocurriendo actualmente en el centro. Durante muchos meses se ha hablado del pesimismo, del fracaso, del gran número de negocios que han cerrado sus puertas. Pero todo esto ya está muy trasnochado. Parafraseando a Confucio -y por continuar usando metáforas que hablan de iluminación-, “es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad”.

Encender velas en medio de la tinieblas que envuelven el casco histórico es lo que hacen ahora mismo un grupo de valientes que, a pesar de los malos resultados de otros comerciantes, han apostado por abrir sus negocios en el centro. Este es el caso de la nueva freidura Fried Fish Shop y la tienda infantil Cascabelitos (ambas en la calle Luna), o el conocido bar La Perdiz que, en menos de 10 días, ha sido traspasado a un nuevo propietario. Algunos no llevan ni un mes en funcionamiento y otros, que abrieron en agosto, ya han pasado la prueba de fuego. Sea como sea, y a pesar de lo que pueda parecer en un primer momento, van teniendo buenos resultados a pesar de que en estas fechas el turismo llega a cuentagotas.

Si esto está siendo posible es gracias a una serie de factores que permitan florecer de nuevo la economía local. El primero de ellos es el precio de los alquileres. Sí es cierto que hay algunos propietarios que alquilan los locales a un precio muy alto; pero también hay que destacar que hay otros tanto que ponen facilidades a sus arrendatarios. Tal es el caso de Lola, la propietaria de Fried Ship Shop, quien asegura que gran parte su éxito se debe a la comprensión del dueño de su local. “Yo en un principio hablé con él y le expliqué cuál era mi situación. Igualmente hablamos sobre la reforma y sobre el tiempo que yo iba a estar cerrada antes de conseguir la licencia y él lo comprendió todo”, explica Lola desde detrás de su mostrador. “Gracias a eso he podido mantenerme y ahora hasta estamos pensando en poner servicio a domicilio”.

El segundo factor que se suma a esta ecuación es la facilidad con la que recientemente desde el Ayuntamiento se tramita todo el papeleo relativo a la licencia de obras y apertura. “Nosotros no tuvimos problemas. El mismo día que presentamos los documentos nos sellaron la licencia provisional y al poco tiempo nos llegó la definitiva”, explican desde Cascabelitos.

No obstante, el tercer y último elemento que sin duda hace posible que los negocios prosperen son los nuevos conceptos e ideas que muchos de los emprendedores traen en mente. Tal es el caso de Jose, nuevo propietario de La Perdiz, quien llega a este local tan tradicional con el reto de aportar nuevos conceptos que, hasta el momento, no se encontraban en la ciudad. “Un negocio hay que trabajarlo y hay que echarle ganas”, explica este profesional que ha pasado parte de su trayectoria en la hostelería trabajando como barista en Madrid. “En el centro nos tenemos que poner las pilas y hacer sentir al cliente como si estuviera en su casa. Nada de cerrar por las tardes”, explica Jose, mientras muestra una imagen de latte-art, el próximo proyecto que tiene en mente donde creará dibujos en el café con la leche.

"Esto es una carrera de fondo, tienes que trabajar día tras día"

El 15 de julio del 2016 Pablo Terrón abría su restaurante. Desde entonces Puerto Escondido (situado en el número 5 de la calle con el mismo nombre), ya ha cumplido dos años y tres veranos abierto al público. “Esto es una carrera de fondo. Aquí en El Puerto no abres y triunfas, sino que tienes que ir día a día, ganándote a los clientes y haciendo las cosas bien”.

En el caso de Pablo siempre ha estado al pie del cañón y, aunque unos años han sido mejores que otros, el joven propietario ha conseguido situarse como un referente de la gastronomía local. Tanto es así que el restaurante ya cuenta con algún que otro premio otorgado por los críticos más importantes: la propia clientela. “El Puerto lo veo mal, pero la cosa está mejorando poco a poco”, asegura Pablo cuando se le pregunta. “Confío en que esto va a ir a mejor porque no tenemos más opción que seguir subiendo”. Y para muestra un botón. Está demostrado que las cosas son difíciles pero no imposibles.

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