El baile de los caballos andaluces enamora a la Real Plaza de Toros

Piruetas y apoyos protagonizaron la exhibición de la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre

El esfuerzo de los jinetes y los caballos se vio reflejado en el coso taurino portuense ante el numeroso público asistente.
El esfuerzo de los jinetes y los caballos se vio reflejado en el coso taurino portuense ante el numeroso público asistente. / Andrés Mora
Patricia Merello

El puerto, 28 de agosto 2017 - 06:41

Al galope, vestidos de gala y al compás de la música, la energía de los caballos invadió la Real Plaza de Toros la noche del sábado. Acompañados de un baile de abanicos suscitado por el bochorno que azotaba el ambiente, los corceles de la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre ofrecieron un espectáculo de danza cargado de contra cambios, apoyos, cambios de pie y cabriolas. A partir de las 21:30 horas, la pista acogió el trote continuo de los jinetes que demostraron su habilidad tanto a pie como desde la montura. "Son caballos que conocen la mirada, caballos de raza española que contienen sus ansias en la pisada, confiados y seguros", alardeaba la imponente voz que explicaba cada ejercicio al público.

Los asistentes pudieron contemplar la maestría de la doma vaquera, el temperamento de los corceles y la coordinación lograda tras largas horas de entrenamiento. "Un poeta decía que el jinete de campo desde su silla vaquera recorría la campiña como si estuviera sentado en un sillón, solo la brisa, el sol y la luna son a veces testigos de este acto", expresó la voz al término de una de las actuaciones. Al son de la música, los caballos bailaron y brincaron sin parar provocando ovaciones constantes por parte del público, que, con entusiasmo acompañaba los pasos de los caballos con palmadas.

El espectáculo combinó actuaciones en solitario y coreografías grupales llenas de coordinación

Una fila de jinetes se desplazaban por la pista cuyo centro presidían las banderas de España y Andalucía. Tras las maniobras realizadas, los jinetes se quitaban el sombrero y daban paso a los siguientes conformando así un evento dinámico que atrajo a multitud de curiosos. Bajo la luna, los jinetes utilizaban la fusta para ayudar a los caballos a realizar sus movimientos. "Con trajes de la antigua usanza, con caballos de la vieja historia, nos movemos con sonidos de vida y añoranzas", recitaba la voz que guiaba el acto.

El espectáculo ecuestre combinó actuaciones en solitario donde jinete y caballo se fusionaban en una cuidada danza, con actos grupales en los que diversos corceles blancos y marrones se posicionaban envolviendo al espectador en una coreografía medida con detalle. Los aplausos prosiguieron mientras las melodías acompañaban la demostración artística de la Fundación.

Para finalizar, diez caballos irrumpieron la pista caminando despampanantes por el espacio habilitado. La coordinación del grupo sorprendió al público, que mostró su entrega durante toda la Gala de Verano. Después de siete actos y ante los ojos de las gradas, los jinetes se quitaron el sombrero una vez más para despedir la exhibición y dieron la vuelta al ruedo a modo de agradecimiento. Dirigiéndose a los asistentes, la voz explicativa puso punto y final a la velada: "habéis sido el mejor estímulo para que estos caballos sigan bailando, bailando, bailando".

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