Elecciones Municipales El Puerto

Las cuentas imprescindibles

  • Sacar adelante los presupuestos se ha convertido en este mandato en una odisea, a causa de la minoría del gobierno municipal

  • Los presupuestos participativos no han lucido tanto como se esperaba, precisamente por el retraso arrastrado en la aprobación anual

Antonio Fernández (IU), David de la Encina (PSOE) y Germán Beardo (PP), en  julio de 2018 tras alcanzar un acuerdo para los presupuestos.

Antonio Fernández (IU), David de la Encina (PSOE) y Germán Beardo (PP), en julio de 2018 tras alcanzar un acuerdo para los presupuestos. / Andrés Mora

Un presupuesto municipal es un documento de vital importancia para un Ayuntamiento. En el mismo se refleja cada año el dinero disponible para el funcionamiento de la ciudad y se determinan las cantidades que se destinan tanto a los gastos corrientes y de personal como a las inversiones y demás obligaciones municipales.

A pesar de ello, en este último mandato la minoría del gobierno local ha obligado al Ayuntamiento a ir solventando el día a día a base de modificaciones presupuestarias y prórrogas de los presupuestos anteriores, lo que ha contribuido sin duda a aumentar la sensación de inestabilidad.

Tras la llegada del tripartito al gobierno municipal, en junio de 2015, esa inicial mayoría facilitada por el acuerdo entre PSOE, Izquierda Unida y Levantemos El Puerto permitió al entonces concejal de Economía y Hacienda, Javier Botella, aprobar en tiempo y forma los presupuestos municipales de 2016.

Cierto es que se trataba en teoría de un presupuesto de transición, aunque finalmente los acontecimientos sobrevenidos a la ruptura del pacto hicieron que las cuentas elaboradas por Botella se perpetuaran a golpe de modificación presupuestaria hasta el verano de 2018, cuando por fin el ya entonces gobierno bipartito logró cerrar un acuerdo, contra todo pronóstico, con el Partido Popular.

Antes, desde la expulsión de Levantemos del Gobierno, en junio de 2016, los intentos de acercamiento del bipartito a la agrupación de electores para conseguir precisamente su apoyo a las cuentas municipales fueron varios, incluso con concesiones que a la larga se demostraron dañinas para la ciudad como la reapertura del ya tristemente célebre agujero de la calle Larga, una vivienda ocupada que ha causado infinidad de problemas a los vecinos y empresas de la zona, llegando a provocar incluso la marcha de Bankinter.

Finalmente, y coincidiendo con la salida de Alfonso Candón del Gobierno municipal y su relevo al frente del partido por Germán Beardo, se consiguió cerrar un acuerdo para aprobar las cuentas de 2018, que son las que actualmente siguen en vigor.

A todo esto, una de las medidas estrella del actual equipo de gobierno, que estuvo especialmente abanderada por Izquierda Unida, fue la de los presupuestos participativos.

Esta práctica participativa, sin embargo, no ha lucido finalmente tanto como debería precisamente por los avatares de los propios presupuestos generales, que hicieron que incluso las propuestas aprobadas para 2017 se tuvieran que quedar en stand by hasta el año siguiente, solapándose con las de 2018.

La gestión de estos presupuestos provocó incluso una crisis entre IU y PSOE, cuando los primeros acusaron a los socialistas de no estar tomándose en serio este proceso participativo.

Finalmente la sangre no llegó al río en aquel momento y el pacto se mantuvo, aunque a la postre se terminara rompiendo a finales del pasado mes de marzo.

El nuevo gobierno que salga de las urnas tendrá que marcarse, como uno de sus retos, el poder aprobar unas cuentas anuales que terminen con la zozobra presupuestaria.

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