El tipo de 'Los que la tienen de mármol': Un escenario a dos alturas para 'morirse' con alegría cantando tumbados
Representan una pared de nichos con habitáculos separados que hacen que apenas se vean y oigan entre ellos
Chirigota 'Los que la tienen de mármol'
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Muertos, pero con un mensaje vitalista y alegre porque la vida son dos días y hay que tenerla un poco de mármol para disfrutarla. Así se presenta la chirigota de José Molina y Jesús Selma, el Melli, para este COAC 2026 con 'Los que la tienen de mármol', encajados en una pared de nichos para representar a estos chirigoteros fallecidos que no pierden la alegría.
La escenografía es un cementerio, una pared con doce nichos que aparecen cerrados cuando se abre el telón y de cuyas lápidas se deshacen los chirigoteros para sacar la cabeza y ofrecer su repertorio. Cada uno en su habitáculo, sin verse entre ellos y montados en un escenario a dos alturas creado por Álvaro Ortega de ArteVida Factory del que solo se libra la instrumentación.
El componente Brian Lozano explica que estuvieron dándole vueltas a cómo parecer que estaban tumbados hasta que llegaron a la conclusión de que la única manera era literal, ir tumbados. Una postura incómoda que, como reconoce, por mucho cojín que se pongan para ayudarles, al final del repertorio ya no hay postura que lo aguante. "Hemos decidido arriesgar un poquito este año".
El escenario, con montaje en tiempo récord como alaba Lozano del quehacer de Álvaro Ortega, "que tiene un meritazo", va separado por telas para que cada nicho sea independiente. De modo que no se ven y apenas se escuchan, reconoce el bombo de la agrupación, que tienen que sacar un poco la cabeza al inicio de la presentación, mientras los guitarras salen de dos panteones.
En cuanto al disfraz, Brian Lozano nos describe cómo Mari, la madre de Adrián, otro de los componentes de la chirigota, remoza un albornoz para darle forma de chaqué, "como un chaqué de boda para ser un muerto elegante", pero dándole su toque informal y casero. La corbata, por ejemplo, sale de la correa del propio albornoz. "Estamos muy agradecidos a la costurera, que a la pobre todo se lo damos para ayer y ella hace todo lo posible para que esté para antesdeayer", elogia el chirigotero sobre Mari, que suele hacerles los arreglos del tipo también en años anteriores.
"Del gorro, un bombín, nos sale un gusano y llevamos flores típicas de los cementerios". Gusanos que salen también por el tipo "porque son parte de nosotros", con pantalón bombacho de rayas blancas y negras y unos guarros en los zapatos reutilizados de otro año "porque si vamos de muertos, los pies no se nos ven".
Entre los detalles, algo de moho y musgo que representa el paso del tiempo en el interior de esos nichos, pero con maquillaje de payaso para interpretar a un muerto feliz.
"Con una tendinitis de hombro terminé yo en preliminares" cuenta Lozano porque caja y bombo iban en una tarima delante de los nichos que tapaban demasiado la escenografía y decidieron acortarlo. La postura, al igual que sus compañeros, no resulta cómoda pero para cuartos admite que "estiraré bien antes, no vamos a tocar nada porque para eso somos muy místicos. Los mismos calzoncillos de hace tres años", en referencia a cuando obtuvieron el primer premio con 'Amo escuchá, chirigota callejera'.
Estos nichos que están "para entrar a morir", como explican en su presentación, tienen algunos otros detalles en las lápidas con mensajes como 'El champú no era anticaídas' o 'Ahora vengo, autónomo', con forillo de la entrada del cementerio. Los chirigoteros animan en su repertorio a tenerla un poco de mármol porque todos nos vamos a morir igual, así que "entierra tus penas y tus miedos" y "que empiece la defunción".
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