Susto o muerte carnavalero
Doña Cuaresma
Escribo estas líneas mientras me tomo una rondeña y barrunto que me quedan unos días complicados. El epílogo del Concurso aún no ha arrancado y ya estoy temblando haciendo mis cábalas. Me temo lo peor. Porque si gana Bizcochín, con su parodia de esos señores de bien que son los saeteros, los sevillanos son capaces de salir a la calle y celebrarlo en la Plaza Nueva como si fuera otra Copa de la UEFA. Esto puede generar un efecto llamada y que Sevilla, madre y maestra, se aleje de las hermandades para abrazar a Momo y sus secuaces. Pero es que si Bizcochín no gana, mis pobres miarmas van a coger tal depresión que los veo llorando por la Alameda de Hércules. En vez de pasarse por la Casa Pilatos a todos estos chiquilicuatres les compran sus desvaríos y se mimetizan. Tengo el corazón dividido. Por un lado, espero que Bizcochín se caiga con todo el equipo como castigo por su parodia;pero por el otro me daría cierto regusto demostrarle a estos gaditas reconcentrados que cualquiera es capaz de mojarle la oreja haciendo el chufla. El remate sería que los Blas Infante le pegaran un repaso a los viejos tristes del Niño de Santa María y al guapito desastroso. En fin, voy a terminarme la rondeña mojándola en el café y me voy para misa a rezar por sus almas. Que este sábado me confino en casa como si hubiera vuelto el covid.
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