Doña Cuaresma
Ayer me metí en un charco
Nacho será un Stephen Hawking más paseando por las calles de Cádiz, "más feliz que una perdiz", como él mismo se imagina traqueteando con la silla eléctrica por el empedrado del centro histórico. Y es que Nacho es "el niño más feliz del mundo". Con esa seguridad se define a sí mismo. Aunque el niño tenga 38 años como le recuerda Paco Aragón, director de 'Una chirigota en teoría' y al que le une una intensa amistad desde que se convirtió en su paseante hace algunos años.
Reconoce también Nacho que le da un poco de nervios pensar en salir con la chirigota. Arropado sabe que va a estar "porque es uno más allí, todo el mundo lo quiere", explica Aragón. Su relación, además de profesional, es estrechamente personal, se dan carga el uno al otro en un toma y daca continuo en el tiempo que comparto con ellos.
Con el resto de la chirigota es similar. Con Edu porque le da mucha carga también, pero le gusta cantar al lado de José Ramón y de Ale. "Sí, porque Ale te da jamón", le espeta Aragón. Y es que hay motivaciones que van más allá del amor. Como explica su padre, Ignacio Ulibarri, lo que más le gusta es el jamón. "Sí, el que se agarra aquí", describe Nacho llevándose la mano a la garganta. El niño elige el menú porque hay comidas que le dan fatiga, la mortadela si no es La piara por ejemplo, explica el padre con cara jocosa de 'lo que tenemos que aguantar'. Es el Stephen Hawking más selecto, que como incide su padre "no sabe lo que es un garbanzo".
Pero en los ensayos "soy el niño más serio", explica. El director del grupo reconoce que se porta muy bien, aunque el repertorio se lo sabe "así, así. Está aprendiendo a mascar letras", le suelta con sorna. Lleva tiempo ensayando con ellos, a su ritmo, cuando la familia puede llevarlo y el tiempo no lo impide porque se reúnen en una carpa de la Residencia militar de Cortadura por la que se cuela el agua los días de lluvia.
No será la primera vez que Nacho se haga el tipo de la chirigota de Aragón. Este es el cuarto año, de hecho, y ya el año pasado sufrió en sus carnes una caída de culo cantando con ellos en el tablao de Candelaria. Pero este año es especial. Ya tiene el traje, la silla, que también será donada a la asociación ELA Andalucía y a la que le han tenido que cambiar de brazo los mandos porque estaba en el derecho con cuya mano él no puede manejar el joystick, y le están amoldando la peluca que va personalizada. "A ver la peluca", suspira, porque con la de 'Quien guarda, halla' ya tuvo sus lamentos.
"Vamos a tener que contratar un seguro para los tobillos de la gente", bromea el padre a cuenta de la silla y de si está practicando manejarse con ella. "Nos tiene los quicios de las puertas reventados en casa". Nacho mira para abajo. O muy fijo a la cara de Paquito Aragón cuando le dice que donar la silla significa que no va a ver ni un duro por ella cuando terminen. '¡Cómo!' viene a expresar toda su cara de estupefacción. "Claro, cabezón, eso significa donar".
Nacho llevaba días nervioso por esta entrevista. En su pase de cuartos acompañó a la chirigota al Falla y quedamos para unos días más tarde. Sin embargo allí se le aflojaron los nervios cuando fue entrevistado por Laura Jurado para la televisión municipal tras la actuación de la chirigota. Enseña orgulloso una foto con ella.
En camerinos todo el grupo está pendiente de Nacho, bromean, se mueve en una carga continua. Por supuesto defiende su chirigota pero también es fan habitual de la del Sheriff, donde Paco salió hace unos años con 'Los caraduras' y con la que había entrado al Falla por única vez. A bambalinas, claro, porque al teatro es asiduo todo lo que puede. Es un loco del Carnaval, de los que escucha todo el año y en todas partes, tal y como enumera lugares su padre. Este año le gusta la de Carlitos Pérez. Y la suya, por supuesto, es fiel a la suya y a Paco.
El Carnaval le ha acompañado desde siempre. Nació en el Mora en sus últimos estertores. Un fallo en el nacimiento le provocó la parálisis cerebral que lo convirtieron en el niño eterno, aunque se vista de astrofísico maduro. Sus padres salían en charangas familiares a finales de los ochenta, fueron pioneros en el surgimiento del Carnaval chiquito con Paco Leal. 'Los náufragos del Columbus', rememora Ignacio su primera agrupación. Desde chico hace pasacalles con un bombo que le pusieron los Reyes.
Pone cara de circunstancias cuando le pregunto por si llueve en la semana de carnaval. Paco cuenta que están pidiendo rampas cuando lo llaman para los contratos. La visibilidad de las barreras arquitectónicas es una de las tareas centrales de la chirigota este año y los tablaos será una prueba de fuego. "Cada silla pesa 28 kilos" y acompaña el dato con un gesto de 'ahí es ná'. El director de 'Una chirigota en teoría' explica que pondrán a Nacho detrás por seguridad a lo que 'el niño' lo vuelve a mirar serio gritándole en silencio 'qué me estás contando'. Paco lo pone en su sitio rápido, "que tú eres capaz de tirarte palante, cabezón".
Han pensado que en la calle se pondrán en lugares fijos y que avisarán por redes sociales para no estar dando vueltas con las sillas con la marabunta de personas que se agolpan en el centro. Y luego está el tema de las baterías de las sillas, "que aguantan, ehn, pero claro". Hay que amoldarse al tipo. Y en esas esquinas gaditanas se podrá ver a Nacho, la silla número 15 que mascará más o menos letra, bailará o no la sevillana del popurrí, pero a buen seguro sonreirá a todo el que quiera escucharle.
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