El pregón de Manu Sánchez del Carnaval de Cádiz 2026: Una epopeya de amor y revolución
El pregonero se transmuta en Hércules Fundator para armar una proclama bella y reivindicativa de casi tres horas que, quizás, eclipsa su propia boda
El momento en que Manu Sánchez le pide matrimonio y se casa con su novia en el escenario del pregón del Carnaval de Cádiz
Ni en el sagrado libro de los pregones pasados, futuros e imposibles que a la plaza de San Antonio ha relatado con devoción de creyente el Hércules Fundator más revolucionario y enamorado que ha visto la trimilenaria, se preveía una epopeya carnavalera con final tan inesperado. Un extenso poema épico, transcendental en visión y ejecución, cuajadito de narraciones que cristalizaban el sentir de un pueblo señalando sus bondades, pero sin perder de vista los peligros que lo acechan. Un pregón para inaugurar el Carnaval 2026 digno de los más hermosos pregones de la fiesta que, como en todo relato que ansía ser leyenda, se cruzó con un elemento sobrenatural. Y qué más sobrenatural que el amor. El amor convertido ya no en promesa, sino en el serio compromiso de una boda.
Y no, no es que Manu Sánchez se haya casado metafóricamente con Cádiz –que también– sino que ha hecho los votos con su pareja Lorena Sánchez en las mismas tablas de la céntrica plaza gaditana con el alcalde de Cádiz como garante en un epílogo extraño, sorprendente y casi surrealista de la proclama con la que el pregonero ha inaugurado oficialmente la fiesta grande gaditana. Cosas de semidioses, inalcazable al entendimiento de simples mortales que, quizás, lamentamos que el romance eclipsara al romancero.
Porque fue la adictiva cadencia de los dos palos la que el comunicador sevillano ha utilizado para rendirnos con un mensaje a las antípodas de lo equidistante, de lo paternalista, de lo superficial. Un texto que nos arma de motivos para dejarnos devorar por Plus, el león que levanta la cabeza a su izquierda, e intentar desmontar las peligrosas nostalgias de Ultra, husmeando a la derecha de los desastres.
Ha sido valiente nuestro Hércules, no sólo en frases de manual –Cádiz, cuna de la libertad que puede pecar de dormirla de tanto acunarla–, sino en el rescate de pasajes enterrados en fosas comunes como el de la memoria de los copleros represaliados; en arrojar luz de un presente de una tierra que necesita “inversión y cariño” (“no sé si lo de la Atlántida era carga de los dioses para hablar de la economía sumergida”) y del futuro de una tierra “de mujeres y hombres capaces de hacer cosas tan increíbles” que no necesitan de dioses y Olimpos pero sí de dos columnas, como las de su escudo, fundamentales: educación y sanidad pública y gratuita.
Heroínas y héroes que ha desfilado en cuerpo y en alma a lo largo de las casi tres horas en los que Hércules Sánchez bregó con sus doce trabajos. Donde no se dejó a nadie. Donde no se dejó nada. De Falla a Ezpeleta, de Fletilla a Castelar, de Julio Pardo a Adela, de Juan Manzorro (ay querido Juan nuestro) a Fernando Quiñones, pasando por el Beni, por Pericón, por Manolo Santander, el Tío de la Tiza, por Juan Carlos y Salvochea... “Cádiz canta por tus vivos, Cádiz canta por tus muertos. Sé libre. Canta, cantón, canta”.
Y se cantó. Se cantó y se contó en el pregón de Manu Sánchez. En una agrupación con dioses y semidioses del templo de unos ladrillos “más rojos que coloraos” y con otra de los fantasmas cuya aparición invoca con ganas todo buen carnavalero que se precie. Y se cantó y se contó con el carnaval comprometido de ‘La camorra’; con el carnaval que se hace sátira si Vera Luque se vuelve a transmutar en Francisco Franco (“llámame Pacoli que es más carnavalero”); con el carnaval ya mítico de Selu García Cossío; con el carnaval más necesario cuando Jesús Bienvenido le canta a la impunidad de la muerte de José Manuel García Caparrós en presencia de sus hermanas; con el carnaval de Cádiz que le enseña a Andalucía de qué hablamos cuando hablamos de libertad con ‘El patriota’; con el carnaval que se eleva en su beso con otros aires si son María Terremoto y Pastora Soler –hablando de fenómenos sobrenaturales– las que brindan las bocas ante la llama que el gaditano Riki Rivera y su equipo de músicos se encargan de mantener viva durante toda la proclama.
Se cantó, y se contó. Y, sobre todas las cosas, Manu Sánchez, que quiso ser Hércules, pero que fue Homero, reveló la única verdad: “Que Cádiz es lo primero, el origen, que estaba antes de todo comienzo. Porque alguien tuvo que parir a los dioses”.
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