El artículo de Soco López: El Selu
Contrapunto y aparte
Este año, la chirigota se siente huérfana. Falta ese personaje que, antes de soltar la primera nota, solo con la forma de arquear una ceja o de llevar el Diario debajo del brazo ya nos tenía ganados.
Tras 48 años en las tablas, José Luis García Cossío, El Selu, deja colgado el tipo en el ropero y el concurso se queda sin el ingenio que revolucionó la modalidad de la chirigota en los años 90 del siglo pasado. Solo El Selu ha conseguido ser un pesao y que te quieran en toda España porque todo el mundo tiene escrito su destino y su destino era el arte, como cantaban Los Lacios: el arte de conseguir que recordemos letras de agrupaciones que ni siquiera tocaron la gloria del primer premio.
Maestro del costumbrismo gaditano, tiene un sentido especial para captar la imperfecta atracción de lo cotidiano y convertirla en tipo de carnaval. Con su adiós meditado, la ciudad será un poco menos observada. Nos faltará ese sociólogo de barrio que retrató personajes genuinamente gaditanos para hacerlos reconocibles en el mosaico del Universo Cádi que su chirigota ha ido construyendo durante cuatro décadas. Por eso su estilo no tiene competencia. Ome, por favó.
En ese lenguaje propio donde los gestos hablan tanto como la copla, nada es accesorio. Letras e interpretación han caminado siempre al mismo nivel, altísimo. Especialmente en los pasodobles, marca de la casa, encontraba en el doble sentido a su mejor aliado para decir más de lo que parecía con el listón de la autoexigencia cada vez más alto. ‘Que ni las hambres las vamo a sentí’ fue, quizás, su más difícil todavía.
También hubo evolución, en clave femenina, si analizamos los tópicos de género pasados por su filtro de la parodia y la ironía. La melancolía de aquellas Marujas abnegadas que hablaban solas en su casa mientras escuchaban el rum rum de la lavadora no se parecen a Las Pepis que le plantaban cara a los mandamases de 2012 si le pisaban el suelo del Oratorio recién fregado. Aunque ambas cargaban con la misma desigualdad en el reparto de tareas, Las Pepis no estaban dispuestas a aceptarla en silencio. Ni mijita.
Tras llevarse a sus Enteraos, a sus Banqueros y a su Juan de gira por los teatros de toda España, El Selu ya no necesita que nadie le diga si su chirigota es de primero, de segundo premio, o si este año no está puntera. Cuando acabe el concurso, su nuevo espectáculo volverá a demostrar que el carnaval no es solo un mes de febrero, sino un género artístico que sobrevive perfectamente sin el estrés por cuatro de un reglamento. Al final, ya se sabe: el que vale, vale. Cádiz y el carnaval ya le deben bastante.
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