Balas de plata
Montiel de Arnáiz
Feliz Carnaval
Traspasado el ecuador de la preselección, está claro que hemos visto más ovejas blancas que negras y, salvo algunas excepciones, se podría decir más de lo mismo. Grandes titulares en cosas mediocres y mucho “aprovechategui” convertidos en eruditos. Creen que morirán de éxito, sea en radio, prensa escrita o televisión dando lecciones carnavalescas de lo más variado.
Hay cantidad de libros editados sobre el carnaval donde se especifica que ya había comparsas al principio del siglo pasado, muy famosas, incluso femeninas, que recorrieron parte de España.
Por tanto decir que Paco Alba no inventó la comparsa es obvio, Paco lo que de alguna manera inventa es que a principio de los sesenta la comisión de fiestas se ve obligada a hacer una nueva modalidad, porque se separaba claramente de lo que era la chirigota de esa época.
También se sabe hace mucho, que el 3x4 de Cai, Cai no viene en ningún pentagrama, ni falta que hace. Un mostrador y unos nudillos bastan y sobran para sacarnos de la manga un compás, que afortunadamente mantiene esa raíz, pero por momentos se pierde. Está muy bien saber de música, todo es cultura, pero ahora en vez de Pasodoble, lo que prevalece son notas musicales engarzadas larguísimas, donde no aparece lo de toda la vida: principio, trío y final. Mas o menos 1,50 para no cansar.
De todas formas Cádiz es muy peculiar en su forma de definir las cosas, de hecho es el único lugar del mundo donde los cuartetos pueden ser de tres o de cinco.
Como hace algunos meses leía en este diario una entrevista a una filósofa-periodista y decía que en las coplas de Aragón había ironía socrática, que en su contenido estaban Aristóteles, Hegle y Nietzche y que se le colaba Platón ¡Cómorrr!
Menos mal que en el Carnaval de Cádiz sus apellidos son FOLCLOR POPULAR. Yo le he escrito a Cádiz con muchas faltas de ortografía en mi corazón.
Este año una chirigota representa a unos flamencos (por cierto de gran categoría como diría mi querido e inolvidable Juanito Manzorro) y para explicarnos que en su repertorio llevan dos palos de flamencos básicos –bulerías y soleás– un flamencólogo ha necesitado una página entera de este diario para ponernos al corriente. Po vale, me tomaré una reguerita.
Y ya para terminar en el capítulo de agradecimiento personal, que también se hace a través de este diario , media página, de ojana, que supongo que a ningún lector le interesa. Lo barato que está cualquier minuto de gloria.
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