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Coronavirus Cádiz: “Si no puedo surfear durante una puesta de sol, me voy de España”

  • Controversia por la aplicación de la norma que restringe el uso de las tablas sin hablar de ellas

  • La Asociación Gaditana de Surf asume la reducción horaria por la situación de excepcionalidad

Una surfista sostiene sobre la cabeza su tabla de surf un atardecer de la pasada semana en la orilla de la playa Santa María del Mar, en Cádiz. Una surfista sostiene sobre la cabeza su tabla de surf un atardecer de la pasada semana en la orilla de la playa Santa María del Mar, en Cádiz.

Una surfista sostiene sobre la cabeza su tabla de surf un atardecer de la pasada semana en la orilla de la playa Santa María del Mar, en Cádiz. / Lourdes de Vicente

El surf está en pie de guerra. En una tregua, pero en pie de guerra. El anuncio el pasado viernes de límites horarios para la práctica de esta actividad, más allá de los establecidos para el deporte en las fases 0 y 1 de la desescalada, no ha sentado precisamente bien entre los aficionados a cabalgar las olas.

La Orden Ministerial de Sanidad, del pasado 30 de abril, en la que se fijaban franjas de salidas para la población de 14 años en adelante, en concreto de 6:00 a 10:00 y de 20:00 a 23:00 para el deporte, abrió de par en par las puertas de las playas para que surferos en cientos de localidades costeras retomaran la tabla y el neopreno. Un simple sorbo de agua en el desierto de la crisis del coronavirus.

Sin embargo, la contraorden, a instancias de Capitanía Marítima, a través de las subdelegaciones de Gobierno y ejecutada por los diferentes ayuntamientos, ha devuelto a una cruda realidad. Porque, a efectos reales, no poder practicar surf hasta que haya pasado una hora desde la salida del sol, y como mucho hasta una hora antes de que se ponga el astro rey, elimina de una tacada las tardes y deja un estrecho margen de apenas una hora y poco por las mañanas.

La Asociación Gaditana de Surf, que aglutina a los practicantes de la provincia de una actividad con Federación Española pero no en Andalucía, saltó como un resorte al conocer la noticia y también por las palabras del director técnico de la Federación Andaluza de Vela, que al tiempo que reclamaba a las autoridades nuevos horarios para la navegación de la vela ligera, inviable en los actuales, no dudó en calificar a Cádiz capital como “una ciudad sin ley” por lo que se refiere al uso que se le estaba dando a la playa y al surf. Nicolás Mariño sustentaba su polémica frase en la normativa vigente y en el incumplimiento de ésta. Y ello, pese a que la misma no menciona a las tablas de surf de forma expresa sino que habla de forma general de artefactos flotantes.

Tony, Jaco y Willy, conocidos gaditanos en el mundo del surf y miembros de la Asociación, defienden su posición desde la serenidad, sin estridencias. También con la confianza que concede la certeza de que lo que estamos viviendo no deja de ser algo muy excepcional. Algo que, ojalá más temprano que tarde, pasará.

“Con el Estado de Alarma es lógico que Capitanía Marítima haya actuado con la máxima prudencia, al margen de que podamos discutir si las tablas entran o no en la norma”, razona Willy, de la Escuela de Cortadura, que se muestra convencido de que cuando la pandemia sólo sea un mal recuerdo los aficionados al surf podrán coger olas como siempre lo han hecho, sin más limitaciones que las impuestas por las condiciones del mar y los tramos de litoral aptos para ello.

Por su parte, Jaco, de Cádiz Center, no oculta su enfado con la inclusión de las tablas en la normativa restrictiva porque, según explica, “cuando se habla de artefactos se refiere a tablas de más de dos metros, como las de loang board y paddle surf, pero no a las tablas de surf, que como mucho miden 1,80. De hecho, si no se puede estar en el agua a las 8:00 ni a las 21:00 con una tabla de surf, entonces hay que decirle a los bañistas que no pueden entrar al agua con un flotador a esas horas. Es un disparate”.

Por último, Tony, también de Cádiz Center, es el que plantea la problemática desde un prisma más personal, hasta tal punto que asegura, sin dudarlo un instante, que si se prolongara la situación actual más allá de lo imprescindible se replantaría su futuro. “Si me dicen que no voy a poder surfear o sentarme en la tabla dentro del agua para ver una puesta de sol, me marcho de España”. Una afirmación categórica y que encierra un modo de entender la vida.

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