El Carranza, una fortaleza inexpugnable (3-1)
Cádiz-Balona
Los amarillos destrozan a los albinegros con dos goles en un explosivo arranque y un tercero antes del descanso que aborta la reacción visitante Villar y Airam, por partida doble, autores de los tantos del conjunto local
La jornada invitaba a una victoria que permitiera quitarle puntos a todos los equipos de la zona alta de la clasificación. Era un momento oportuno que no era plan de desperdiciar justo cuando se cumple el primer tercio del campeonato de Liga. Albacete, La Hoya Lorca, Guadalajara y Cartagena sólo habían sumado uno y era la tarde propicia para que el Cádiz sumara dos más que sus rivales directos. Tres más en el caso de la Balona, con el que estaba empatado a puntos antes de un duelo provincial que los amarillos supieron decantar a su favor gracias a su eficacia en los metros finales y a un meteórico comienzo digno de un Red Bull que sorprendió a un equipo linense adomercido hasta el 2-0 en poco más de diez minutos de juego.
El caso es que el equipo amarillo se mantiene en la cuarta posición pero con cuatro puntos menos que el líder Albacete, dos por debajo del Cartagena (segundo) y sólo uno menos que La Hoya (tercero). Ahora le saca dos al Guadalajara y tres a la Balona. Una jornada redonda, pues.
El oficio de la escuadra cadista fue más que suficiente para tumbar a una combativa Balona que nunca bajó los brazos y plantó cara en todo momento con un valiente planteamiento en un partido que los locales encarrilaron en el primer acto. Al final, 3-1, el mismo resultado que la pasada temporada en un estadio Carranza convertido en un auténtico fortín.
Los dos equipos salían con potencial ofensivo, con las cartas sobre la mesa, conocedores de los resultados de sus adversarios directos. Raúl Agné aparcaba el doble pivote defensivo y Rafael Escobar aportaba por dos delanteros y una presión asfixiante arriba. Agné hacía tres en el once en relación al encuentro del domingo anterior ante el Córdoba B, uno obligado por la lesión de Fran Pérez y los otros dos por decisión técnica. Dejaba en el banquillo a Mikel Martins y Kike Márquez y daba la titularidad a Jorge Luque y Perico. El malagueño pasaba de no estar inscrito en el acta en el último partido a entrar en el once inicial en el siguiente. En la defensa, la reaparición en el lateral izquierdo de Andrés Sánchez devolvía a Josete al centro de la zaga, con Belfortti de nuevo en el eje de la retaguardia. En la Balona, Rafael Escobar salía con todo, con dos atacantes puros como Copi y Hugo Díaz.
Mejor no podía empezar la contienda para los amarillos. No se había cumplido el primer minuto (50 segundos, en concreto) cuando Juan Villar definía a la perfección en el mano a mano con Lolo Soler con un remate raso junto al poste. El onubense había recibido un excelente servicio de Jorge Luque y de nuevo el Cádiz, cobraba ventaja antes del primer minuto. Se repetía el guión del anterior choque casero (aquel tempranero tanto contra el Almería B) y también el del choque ante el Córdoba B cuando un defensa cadista se veía obligado a abandonar en terreno de juego en los albores del partido. Si hace una semana había sido Fran Pérez, ayer era Belfortti el que se marchaba en el minuto 7 con molestias en la pierna derecha. Otra vez Dalmau saltaba al césped, se colocaba en el lateral derecho y Ceballos pasaba de nuevo al centro de la zaga como solución de urgencia.
El cambio se producía poco después de la primera ocasión de una valiente Balona, que no se escondía en ningún momento y buscaba con descaro la portería local ante una defensa bien ordenada. Hugo Díaz no llegaba por poco a un centro de Sergio Ortiz en un aviso de los visitantes de que estaban dispuestos a dar guerra. De hecho, los balonos presionaban arriba como posesos a sabiendas de lo mal que lo pasa el Cádiz en esas situaciones. Pero la virtud arriba de los albinegros contrastaba con las carencias en la zona trasera. Los locales, en un arranque fulgurante, aprovechaban los espacios que dejaban los linenses en tres cuartos y ponían tierra de por medio con el segundo gol en apenas 11 minutos. Juan Villar pasaba en profundidad a Airam Cabrera, que esta vez sí acertaba con una preciosa vaselina (en Córdoba se escapó por encima del larguero) ante la que nada podía hacer Lolo Soler. El cuadro cadista ya había avisado poco antes con remate defectuoso de Kike López en boca de gol que no entró de milagro.
La pegada de los amarillos pasaba como un rodillo por encima de la osadía de una Balona que no se resignaba a perder, y menos de esa manera. Los pupilos de Escobar se lanzaban a tumba cubierta, acorralaban a los locales hasta el punto de que el partido sólo se jugaba en el campo de un Cádiz que se olvidaba del bien más preciado del fútbol: el balón. La Balona era dueña del esférico y acechaba con insistencia el área local hasta encontrar el premio del gol al filo de la media hora. Jorge Luque se atascaba con la pelota en el centro del campo y se lo robaba Copi, que marcaba un golazo por la escuadra desde fuera del área que ponía emoción al partido.
El tanto de los balonos suponía un serio aviso a los anfitriones, vulgares sin la posesión del esférico. Los amarillos estaban obligados a dar un paso al frente si quería dejar los tres puntos en casa. Dicho y hecho. Volvían a aparecer en el área contraria con peligrosos contragolpes. Lolo Soler sacaba un remate de Airam Cabrera (minuto 33) poco antes de un flojo disparo de Juan Villar en una acción de estrategia y otro posterior de Kike López. El descanso empezaba a asomar la patita cuando el Cádiz marcaba ese gol de los considerados psicológicos. Olmo cometía un claro penalti sobre Juan Villar en el minuto 42 que Airam Cabrera transformaba con solvencia.
Con el 3-1 en el marcador, la Balona estaba obligada a seguir volcardo en ataque en el segundo acto. Y bien que lo hacía hasta el punto de rozar el segundo gol en el minuto 53 con una doble oportunidad clarísima. Alejandro repelía un disparo de Copi, el balón se quedaba muerto junto a la portería y remataba el recién salido Samu. Cuando la pelota se disponía a entrar en la portería, aparecía la pierna salvadora de Andrés Sánchez en línea de gol.
Lo que podía haber sido un punto de inflexión -con más de media hora por delante- se quedaba en nada para alivio de la parroquia cadista antes de que el duelo cayera en una fase de hibernación con todo el pescado vendido. La Balona había dejado escapar la ocasión de meterse en el partido y desde entonces el sufrimiento de los locales iba decreciendo con el paso de los minutos. De hecho, si alguno podía marcar en el tramo final era el Cádiz, que disponía de más de una oportunidad no culminada con éxito. Lolo Soler abortaba un mano a mano con Juan Villar y desvuaba el posterior zurdazo de un inspirado Airam Cabrera (minuto 85), que poco antes no acertaba a definir con la derecha, su punto débil.
A final, valiosa victoria de un equipo amarillo al alza que ha convertido el estadio Carranza en una auténtica fortaleza, una pesadilla para los visitantes.
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