Reyes Magos
El partido de mi vida por Fernando Santiago
CON MI PAPÁ DE LA MANO Como a tanta gente, para mí el fútbol está ligado a mi padre. El primer partido que recuerdo haber visto en directo fue en sus rodillas, 1964 en La Rosaleda. Mi padre era amigo de muchos jugadores del Málaga (Garay,Chuzo, Otiñano, Ben Barek, Velázquez). No sé quién jugaba aquel día, sé que entré acompañado por el portero del equipo, Américo. No se me olvidarán sus manos grandes y duras como palas, o igual es que yo era muy pequeño. Cuando nos fuimos a vivir a Madrid mi padre se alquiló un piso justo frente al Manzanares, desde el que se podía ver una de las porterías. Se hizo socio con mi madre y cuando ella murió heredé el carnet. Tardes de domingo en la grada del Calderón, lloviera o nevara, con frío o con calor, con unas almohadillas rojas que servían para lanzarlas al campo cuando algún árbitro se pasaba , cosa habitual. Aprendí rápido que si quería obtener un permiso o algo de dinero de mi padre debía esperar a que ganase el Atleti para pedírselo. He visto con él ganar ligas al Atleti en La Romareda y la Nova Creu Alta, he ido al Helmántico, El Plantío, el Benito Villamarín, el Sánchez Pizjuán, El Arcángel, el Carranza y Chapín. Todavía me escuece el recuerdo de la final de la Recopa contra el Dinamo de Kiev (perdimos 3-0 contra aquel apabullante equipo de Oleg Blokhin)al que no pude ir porque no tenía dinero. Con el paso del tiempo, cuando se hizo mayor, no pudo acompañarnos a ver al Atleti a Lisboa (mejor para él), Stamford Bridge, Bucarest , Hamburgo, Anfield o Montecarlo. No se llevó el disgusto de la final de Milán ni pudo alegrarse de la venganza poética por ganar en Lyon la Europa League. Lo primero que yo hacía nada más terminar cada partido mientras estuvo vivo era llamarle para comentar . En mayo de 2013 fuimos juntos al Bernabeu (la última vez que he pisado ese infausto lugar) para ver cómo se rompía una racha de 12 años sin ganarle a los vikingos, nos llevamos la Copa del Rey con goles de Diego Costa y Miranda. Había huelga de metro , no hubo manera de coger un taxi, así que le acompañé a su casa a pie, aunque estaba ya en un precario estado de salud no protestó en ningún momento. En la primavera de 2014 al Atleti le tocó en cuartos de final de la Champions el Barcelona. Nosotros fuimos al Nou Camp, donde nos trataron como ganado, él se libró, no sé si hubiera sabido callarse ante el atropello de los Mossos. En el partido de vuelta le invité a venir con nosotros, como hacía los últimos años. Me daba un placer extraordinario invitar a mi padre al fútbol, después de tantos años en los que él me llevaba a mí. El hombre era ya muy mayor por lo que tuve que ir a recogerlo a su casa para llevarlo al estadio, desde la Puerta de Toledo a Pirámides, al llegar al Paseo de los Melancólicos (“Manzanares , cuánto te quiero”) había una multitud de aficionados con bengalas y cánticos como nunca había visto . La electricidad en el ambiente presagiaba una noche épica. Le costó la misma vida subir hasta la localidad. A la salida del Calderón me preguntó “¿ha jugado Rifé? “Comprendí que era el último partido al que iría con mi padre, 50 años después del primero. Poco a poco le acompañé a su casa, desde el taxi le vi entrar en el portal y pensé que cerraba un ciclo de mi vida. Ni que decir tiene que eliminamos a aquel Barça arrogante del Tiki taka . Si la patria de un hombre es la infancia, la mía va unida al Atleti y a mi padre, igual algún día mi hija, a la que he procurado transmitir la misma pasión, escribe algo sobre mí con el club de nuestras vidas. Fue mi padre un hombre tan estricto en casa como emotivo cuando llegaban los domingos con el Atleti, “las rayas rojiblancas son nuestra forma de ser” . En estos meses grises no tenemos fútbol los fines de semana, lo que no impide recordar aquellas tardes de domingo , Carrusel Deportivo (gol en Las Gaunas , minuto de juego y resultado), marcador simultáneo Dardo, humo de puros, pipas, bocadillos de tortilla en el descanso, Estudio Estadio, Ufarte, Luis Gárate, Irureta y Alberto, la puerta 2 del Estadio, la pradera de San Isidro, mi abuela diciendo “abrigaos bien que allí hace humedad”, eres de España el coloso, donde acuden a millares los que gustan del fútbol de emoción, mi primo, los vecinos de localidad. Las tardes en la grada del viejo Calderón , aquel lejano día en La Rosaleda cuando mi padre me llevó a conocer a los que gustan del fútbol de emoción. Fernando Santiago
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