Más sobre los dragos

15 de abril 2013 - 09:06

Los dragos milenarios Leoncio Rodríguez ¡Dragos…! he aquí a los magnates de nuestra flora. Recios, ciclópeos, sombríos, todo en ellos tiene un sello característico de grandeza, de monumento prehistórico, que no lograron remover ni reducir a pavesas las fraguas de los volcanes. Fuertes e inconmovibles en sus sillares de roca, ahíncan sus raíces en el corazón de la tierra, y el jugo que la sorben lo convierten en savia de color de púrpura. ¡Qué adustez tan especial tienen estos árboles milenarios, que no han logrado “familiarizarse” con el pueblo! Recluidos generalmente en solitarios lugares, a extramuros de los pueblos, en oquedades sombrías como los del barranco del Infierno, en Adeje, o en las escarpas de las rocas, como los de “Los dos riscos”, de Taganana, dijérase que les atrae la soledad. Misántropos del reino vegetal, dan siempre, al contemplarlos, una sensación de rigidez, de aplomo, de consistencia pétrea. Pasan los ciclones sobre ellos y ni siquiera estremecen sus ramas. Los vientos se desflecan en sus hojas cortantes y aceradas como dagas, y acállanse sus rumores bajo la copa sombría, de recia urdimbre, como si temieran despertar al monstruoso dormido... Apologistas ilustres –Humboldt, Dumont d’Urville, Leopoldo de Buch, Leclercq, entre otros– han ensalzado su belleza, considerándolos como una de las especies más curiosas del mundo vegetal. Por su parte, el conocido escritor español, Eugenio Noel, lamentábase de que todos hablasen de ellos, menos los escritores nacionales. Lo mejor que se ha escrito sobre la vegetación de Canarias, decía, es extranjero, alemán casi siempre. “Y, no obstante –añadía–, vale la pena de trasladarse a Icod, aún con los ojos llenos de deslumbramiento de la Orotava, y ver al Teide desde el drago, desde su sombra legendaria y prehistórica contemplar aquel cono impasible, lleno de sol, que sacude los nervios con bárbara valentía. Desde ninguna parte el Teide es más bello. Y hasta esa belleza parece prestársela el árbol. Dignos el uno del otro, este gigante vivo inspira la idea de que ha de perpetuarse en el tiempo más, mucho más, que la mole muerta del enorme picacho”....

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